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QUIÉNES SOMOS HOY

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Zapopan, Jalisco, México.


CUENTO

13 CUCHILLADAS

Por Martha Mendivil

​QUIÉNES SOMOS HOY
Guadalajara, Jalisco; 5 de julio de 2020

Ese día el ladrido de los perros en la calle, despertó al vecindario, avisaban de una tragedia... el asesinato de Linda, la mamá de Lourdes.

Han pasado más de 4 décadas y todavía en el barrio de la Rosa Morada recuerdan ese día, fue un 30 de abril, día del niño, Linda no sabía lo que le esperaba, su cuerpo obeso recibió trece cuchilladas por el taquero de carnitas de puerco, su pareja sentimental.

Cuando se acercan los preparativos para el festejo del día del niño, no puedo evitar recordar ese cuerpo frío de mujer, sobre un viejo catre de jarcia vieja, cada vez que cierro los ojos, puedo verla con esa blusa verde bandera y su falda larga floreada de colores llamativos, amarillo, rojo y verde, esas trenzas tan largas adornadas con listones y unos viejos huaraches sobre sus pies robustos.

Aquella mañana desperté asustada porque el ladrido de los perros era grotesco y aullaban como avisando un mal presagio… me levanté y el corazón me latía a mil, abrí las cortinas alcanzando a mirar una gran cantidad de niños y señoras, sentí miedo y salí corriendo a donde estaba mi mamá, la encontré llorando.

—¿Mamá que pasa?, ¿por qué hay  tanta en la gente?

—Escuche que Don Miguel mato a la Linda, Tichita (así me decía mi mamá de cariño, porque me llama Beatriz).

—¿La mamá de Lurdes?

—Si mija, ella.

—¡Queeeee!, pero ¿por qué la mato?

—No sé mija, creo que se le metió el diablo, sólo así alguien puede quitar la vida.

Para cuando mi mamá terminó de expresar que el diablo andaba suelto, ya mis dos hermanos menores y yo nos encaminábamos calle abajo para llegar a la pequeña vivienda donde no pudo entrar nadie, ni Lourdes su hija que lloraba inconsolable, mientras su frágil cuerpo de 12 años se aferrada al cuerpo de su tía.

Todavía recuerdo que un día antes habíamos hecho planes de festejar como nunca nuestro último día del niño, porque ambas cursábamos el sexto grado de primaria y muy pronto iríamos a la secundaría, éramos muy amigas, pero ese día tampoco yo estrené el vestido para el festejo, porque no fuimos a la escuela. Tardé mucho tiempo parada tras el cerco de palitos mirando hacia adentro. Logré escuchar que Don Miguel la celaba… que la iba a dejar… que la Linda ya no lo quería… la gente hablaba mucho, de repente mi madre me jalo del brazo con fuerza hasta que me sacó de la primera fila; todavía recuerdo.

Ese día, después del desayuno acompañamos a mi madre a la casa de su comadre María, mi mamá le dio el pésame y yo me desplace hasta donde estaba Lourdes y sus cinco hermanitos. Estaban todos juntos llorando mientras veían a su madre sin vida, sobre ese catre viejo que por mucho tiempo estuvo arrumbado con otras cosas en el zaguán de la vieja casa que había pertenecido al tío abuelo Macario, que nunca se casó.

Si, han pasado ya muchos años desde aquel suceso y todavía me genera escalofrío el día del niño, por culpa del “carnitas” no volví a saber de ella ni de sus dos hermanos menores, porque después del sepelio, sus padres se los llevaron y nunca más volví a saber de ellos; mucho tiempo sentí dolor por esa tragedia. Por culpa de este suceso abruptamente me brinque el último día de mi niñez, y por culpa de Don Miguel, Lourdes y yo no estrenamos el vestido.

Después de eso, la hermana de Linda, Doña María se hizo cargo de las tres niñas menores, pero con mayor atención a la más pequeña, porque seguido estaba enferma, debido a que padecía hidrocefalia, discapacidad motriz, problemas severos en el lenguaje y en el riñón. La cuidó hasta que su mamá se la llevo, recuerdo que eso decían las doñas del barrio.



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MARTHA  EVELIA MENDIVIL DOMÍNGUEZ 

(Huatabampo Sonora)
Profesora jubilada por la UAS. Pasante de doctorado en Educación Humanista.
Ha trabajado en Comunicación Social para gobiernos locales, diputados federales y algunos candidatos a diputados y senadores por Sinaloa.

Después de la muerte de la menor, María vivió un respiro en su vida, porque además tenía una docena de hijos… seguido visitaba a mi madre, recuerdo le decía: comadre no sé qué hacer con tantos hijos, me duelen las piernas paso muchas horas parada en la preparación de hamburguesas y las malteadas de vainilla que ofrecemos en la nevería de la plaza.

—¡Ay comadrita! y todavía cuidando sobrinos— dijo mi mamá

—Pues que voy hacer si era mi hermana y este abusivo que le quito la vida, ojalá y lo agarren y lo maten por allá.

—¿No han sabido nada del “carnitas”?

—Nada comadre, seguro se fue a México, de allá eran todos ellos.

—Pues aquí se fue toda su familia, pero parece que alguien de ellos anda vendiendo la casa y la taquería del centro.

—Comadre ¿por qué el “carnitas” mato a su hermana? —preguntó mi madre

—Últimamente la celaba mucho, la acosaba, la perseguía por todos lados, quería saber todo lo que hacía. La Linda se enfadó, se lo dijo, pero él la amenazó con matarla, ella no creyó y todas las noches le pasaba por su casa abrazada de mi Álvaro, para darle celos y la dejara en paz. –contó María.

—Fíjese comadre que al parecer mi hermana si le tenía miedo, porque se venía a dormir con los niños y en las mañanas se iba ya tarde a su casita, pero ese día fue por los estrenos para que sus hijos festejaran su día en la Micaela y se hacía tarde en llegar, mande a Lulú por ella, pero se regresó,  no pudo abrir, me caló y me fui corriendo, recuerdo fuertes golpes en mi corazón, para esto Álvaro mi hijo  ya había entrado… ahí estaba tirada en la sangre, tasajeada. Este imbécil la mato como mataba a sus puercos con los que hacía carnitas y chicharrones.

—Comadre como lo siento, de veras me ha dolido, no sé qué decirle… pero usted sabe que cuenta con nosotros, aquí comida siempre va a ver comadrita…—asentó mi madre.

Recuerdo esa conversación, nadie se dio cuenta que yo estaba muy cerca, me anime a salir del escondite para preguntar por Lourdes, Jorge y Sandrita, quería saber el paradero y cuando vendrían. La respuesta siempre fue: —no sabemos nada de ellos, parece que se los tragó la tierra — dijo María, mirándome a los ojos.  

Yo era una niña, muchas veces pregunté, a pesar de que la respuesta siempre fue la misma y hoy a más de 45 años de aquel suceso que conmocionó a todo el pueblo, todavía me pregunto, ¿por qué Lourdes nunca volvió a buscar a sus hermanas?, ¿qué paso con ellos?, ¿seguirán vivos?, tuvieron que haber crecido y tener recursos económicos para buscarlas.

También me pregunto ¿qué estaba pensando el Carnitas? cuando le arrebato la vida a Linda con 13 puñaladas, ¿qué estaba sintiendo Linda cuando recibió la agresión?, ¿qué tanto se pudo defender con una almohada que creyeron uso para ello?, ¿Qué pensaría la familia de Don Miguel por este delito?, ¿qué sintieron sus hijos ante la manera en que murió su madre?, ¿qué sintió la familia de Linda con este asesinato?

Han pasado más de 4 décadas y todavía me hago mil preguntas, ¿a dónde se fue el asesino que nunca encontraron?, ¿estará vivo?, ¿existirá su familia?, ¿quién de ellos podría preguntarse porque mi padre o mi abuelo hizo esto?

No hay respuestas, lo único real es el recuerdo  de un despertar estruendoso, perros ladrando por doquier, una tropelada de personas que corrían agitadamente y el cuerpo inerte de la Linda que dejaba ver  heridas en sus brazos. Por muchos años conservé la historia de ese hombre que no reconoció que  quien abrazaba a su pareja, era el sobrino de Linda, Álvaro, el hijo de la comadre María, que se había prestado para provocar celos en Don Miguel para que pronto la dejara, pero nunca imaginó que su estrategia la iba a llevar a su muerte.

Linda nunca imagino que esa mañana, no podría sacar los estrenos de sus hijos, porque adentro de la vivienda ya la esperaba el “mata cochis”, el canitas del centro, Don Miguel, quien le asestó 13 piquetes en su robusto cuerpo.

Todo sucedió  un día en el que ambos planearon cosas. Linda murió y el canitas de puerco se peló; los hijos se dispersaron, la beba murió y el último festejo del día del niño, se fue junto con la historia de mi amiga Lourdes, Jorge,  Sandrita y sus otras dos hermanas, que todavía pueden contar y quizá ampliar esta historia.