A LAS DOS LAS QUIERO, SON MIS VIEJAS

CUENTO
Por Martha Mendivil


Guadalajara, Jalisco; 2 de marzo de 2020.

QUIÉNES SOMOS HOY



Doña Socorrito al acercarse a la camioneta vio por la ventana a una joven que iba sentada del lado del copiloto y le preguntó al Güero nopalero:

— ¿Y esta güerita tan bonita de ojo azul, quién es?

—Es mi mujer —el Güero rápidamente respondió, dando abruptamente un brinco a la parte trasera de la camioneta para espantar las moscas de los quesos y demás producto que traía del rancho serrano a vender.

—Doña Socorrito traiga su jarrilla para darle los nopalitos, el quesito, la leche bronca y los guamúchiles —dijo en voz alta el Güero, mientras sus enormes ojos parecían que iban a saltar, los abrió tanto que parecían desbordarse, hasta su sombrero de palma se encaramó sobre sus pocas arrugas. La pobre anciana se le quedó mirando y no atinaba a comprender el significado de esa mirada.

Cuando doña Socorrito ingresó a su casa volteó hacía atrás porque el Güero le iba pisando los talones.

—Doña Socorrito traiga la jarrilla y no salga por favor —le dijo entre dientes y con el rostro apachurrado, como si de golpe hubiera envejecido. Doña Socorrito avanzó y se dio cuenta que algo había pasado por su culpa.

Al día siguiente gritaba el Güero nopalero desde fuera de la cochera mientras tocaba el claxon de la camioneta.

—Doña Socorrito, doña Socorrito.

—Ya te escuché escandaloso, todavía tengo de lo que te compré.

—Ya sé, déjeme entrar a su casa —dijo el acalorado Güero ranchero—,  doña Socorrito, ayer que traje los quesos, la leche y los guamúchiles me vio que venía con otra mujer, ¿verdad?, déjeme decirle que esa güera de ojo azul es mi esposa.

—¡Qué! ¿Y la morena guapetona que está embarazada? —Preguntó con curiosidad la viejecita; mientras el Güero agitaba su sombrero para echarse aire—, ¡A qué caramba, Güero!

—Pues qué le digo. Las dos son mis esposas, primero me casé con la güera cuando teníamos trece años, éramos unos chamacos y pues después ya no quisimos separarnos, lloramos mucho, creo que dimos lástima, dijo mi apá: “A ordeñar las vacas desde las cuatro de la mañana, luego a preparar los quesos, yogures, pelar nopales y los fines de semana al campo a cuidar las hortalizas”. Ya tenemos diez años de casados, tres niños que comen muy bien y va a la escuela.

—Güero, ¿y la morena, ya sabe que estás casado?

—Sí, doña Socorrito, ya sabe, así me conoció y así me aceptó… para que me dejaran estar con ella me casé por el civil, y con la güera estoy casado por la iglesia.

—¡Ah, jijo de la chingada! ¡Qué cabrón eres Güero!

—¡Pues si Doña Socorrito!, qué hago pues… las dos me gustan, a las dos las quiero, una por güerita tierna y la otra por morena, ¿qué más puedo pedir? Con la del rancho tengo tres hijos y con la de aquí, pues apenas vamos a tener un chilpayate.

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MARTHA  EVELIA MENDIVIL DOMÍNGUEZ 

(Huatabampo Sonora)
Profesora jubilada por la UAS. Pasante de doctorado en Educación Humanista.
Ha trabajado en Comunicación Social para gobiernos locales, diputados federales y algunos candidatos a diputados y senadores por Sinaloa.

QUIÉNES SOMOS HOY

Promoviendo el arte, la cultura y el análisis

Zapopan, Jalisco, México


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—¿A quién sacaste en lo puto, Güero?

—Pues fíjese que soy el único que salió ojo alegre.

—Platícame, ¿y cómo le haces para mantener a las dos? ¿Ellas lo aceptan?

—¡Ah! mentiroso no soy, las dos saben y a las dos les tengo casa. La primera vive en el rancho, me ayuda a ordeñar, hacer quesos y el yogurt. A la morena le hice casa aquí en la colonia Palos Viejos, hace los bolis y las aguas frescas y yo a chingarle a venderlos.

—¿Y con quién vives?

—Vivo con las dos, tres días duermo con una y tres días con la otra y un día con nadie. Cuando me buscan, ellas nomás me pasan el celular y me dicen: “Te buscan”.

—Oye, Güero pero la del civil tiene más derechos que la güera, ¿verdad?

—Pues mire, doña Socorrito, yo ya le dije: “no te encarames, las dos valen y nunca las voy a dejar”, porque a veces la morena me reclama, me grita y sabe que ella tiene más que ganar. Pero a mi güera nunca la voy a dejar, ella es calladita no reclama y me cumple la condenada. ¿Qué hago doña Socorrito si a las dos las quiero? Están guapas mis viejas, ¿Ya vio a mis hijos? Y pos yo también estoy guapo, jajajajaja, pero pues tengo que chingarle desde las tres de la mañana para tenerlas como reinas, ¡Ah, cabrón, cómo cuestan las viejas! Pero, no puedo vivir sin ellas.

—Eres un sin vergüenza Güero —dijo doña Socorrito moviendo la cabeza en desapruebo— ¡Vaya historia y en pleno siglo XXI! Oye Güero, ¿y si te sale otra chamaca?

—No la chingue doña Socorrito, entonces si ya no voy a rendir pa nadie. ¡No!, Ahora si me lo cortan en pedacitos… ta cabrón, pero tengo dos viejas y verdad que las dos están muy chulas… no sé qué me vieron, la verdad… Bueno, si sé doña Socorrito y salió riendo a carcajadas.

—Güero, eres un completo cabrón.

—Doña Socorrito, cuando traiga a cualquiera de mis dos viejas, usted chitón, usted platique como si nada, sea amiga de las dos y no vaya a cargármela.

—Cabrón hocicón, al rato te van a poner los cuernos y te va a doler.

—No sea ave de mal agüero, doña Socorrito hermosa, eso no lo soportaría, además yo les cumplo muy bien en todo.

—Ándale pues, nomás no te enamores de otra porque ya no puedes cumplirle con otra ley.

—Cómo no, doña Socorrito ¿y la ley del monte? ¡Ay, doña Socorrito no tengo lucha! Es que Diosito me dotó de todo jajajajajaja.

—Pinche Güero puto, anda vete a chingarle, tienes que sacar para la papa.

Y el Güero se fue feliz como todo macho nopalero.