QUIÉNES SOMOS HOY

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Zapopan, Jalisco, México


CEO&FOUNDER en QUIÉNES SOMOS HOY. Licenciada en Ciencias de la Comunicación, actriz de teatro. Ha colaborado en diversos medios escritos y electrónicos como reportera, editora, columnista y en creación literaria. Ha sido docente universitaria, asesora de planeación académica, y analista especializado en el servicio público.

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OPINIÓN
De Sororidad y Facebook

Por Silvia Castillo Romero


Guadalajara, Jalisco; 2 de marzo de 2020

QUIÉNES SOMOS HOY

Un día encontré su comentario en una de mis publicaciones. No éramos amigas en la vida real, ni en Facebook, pero rápidamente entendí que teníamos dos contactos en común porque se refería a ellos. La familiaridad con la que se expresó me hizo sentir que estaba ante alguien amigable y agradable, así que no dudé en aceptar su solicitud de “amistad”.

Después de algunos meses de interacción y sin que hubiera motivo de por medio, me borró de sus contactos. No le di importancia pero me pareció extraño, siempre tuvimos una interacción respetuosa y amena, tan es así que llegó a visitarme a mi casa en compañía de uno de estos “amigos en común”.

Pasaron algunos años y el otro de “estos amigos en común” me habló de la animadversión que ella sentía hacia mí, de cómo le molestaban mis comentarios en su perfil y que mis likes no le ofrecían dopamina, sino una sobredosis de cortisol lo suficientemente grande como para no soportarme y terminar eliminándome de sus “amigos”. Me dolió, porque no suelo aceptar desconocidos en mi perfil y con ella hice una excepción por tratarse de la amiga de mis amigos, porque me mostraba una cara de amistad “verdadera” cuando me escribía por inbox y cuando comentaba mis publicaciones. Entonces tuve un insight, empecé a conectar información, a recordar y a entender: En más de una ocasión respondió alguno de mis comentarios en su perfil haciendo referencia a mi estado civil, sin que fuera necesario, como para que todos los que leyeran no tuvieran la menor duda de que yo estaba en pareja.

La inocencia nos impide tener ciertas suspicacias… ¿Cómo haber adivinado que los celos habían matado toda posibilidad de cultivar una amistad? Más aún: ¿Cómo saber que no fue eso justamente lo que la llevó a agregarme a sus amigos?

Los prejuicios nos llevan a hacer conclusiones rápidas: “Una mujer que se relaciona de manera abierta con los hombres, se viste como ellos y tiene un trato abierto, directo, sin los juegos mentales de las mujeres, no será competitiva con otra mujer”… y no necesariamente es así.

Hoy que hablamos tanto de igualdad, de sororidad, de no discriminar, si realmente queremos cambiar las cosas tenemos que empezar por distinguir nuestros errores en lo cotidiano, en lo mínimo, en lo intrascendente. No es necesaria la inmolación pública. Las pequeñas acciones gritan más que todos los discursos y consignas, incluso más, que todo eso que tanto predicas en Facebook.

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