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Guadalajara, Jalisco. 7 de agosto de 2019. QUIÉNES SOMOS HOY.- Está de moda hablar del “aquí y ahora”, de “vivir el momento”. Nos sentimos muy progres y muy evolucionados en el individualismo, promoviendo el desapego, el no depender de nadie, en ser autosuficiente.

Todo esto suena muy bien, nos hace sentir “empoderados”, el problema es que el mal uso de estas premisas nos están llevando a un trato deshumanizante, a aislarnos, a cosificar al otro, a utilizarlo. ¿Cuál es el asunto de fondo? ¿Qué es lo que estamos haciendo mal?

Vamos por partes. Más de la mitad de la población mundial utiliza la Internet, telefonía móvil y redes sociales. A través de las redes sociales se difunde una concepción del mundo dictada por expertos y también por charlatanes. El discernimiento es un asunto individual. Cada quién sabrá lo que lee o lo que no lee.

Antes de la Internet, la radio y la televisión validaban a los profesionales de la conducta y sus mensajes. Hoy tenemos un abanico de posibilidades para informarnos lo cual debería de suponernos una ventaja y la posibilidad de formarnos de manera autogestiva, crítica, responsable, pero las evidencias nos indican que la mayoría no lo hace. No cuestiona. No averigua. Toma lo que le dan. Busca bálsamos, escapes, atajos, el camino fácil. Esto sin contar con que ahora el adoctrinamiento también viene en forma de una nueva religión llamada Coaching.

¿Cuáles son estas evidencias? Las premisas sobre las relaciones humanas que circulan en las redes sociales y su enorme aceptación y difusión. Existe una gran cantidad de páginas con imágenes que contienen sólo texto, “cartelitos”. Estos textos suelen hacer referencia a un conjunto de creencias compartidas sobre las relaciones humanas en todas sus expresiones: familiares, de pareja, laborales, amistosas. Sintetizan en una frase toda una concepción del mundo. Concepción que trasladan a artículos de diversas publicaciones sobre estilo de vida. Los medios electrónicos contratan escritores a destajo. No existe pensamiento diverso. Es el mismo equívoco replicado mil veces.

El ser humano en su generalidad busca el camino más fácil. Lo que suponga una mínima inversión de esfuerzo y energía, hasta que descubre que esa actitud o mecanismo le impide desarrollar todas sus potencialidades. No es la conciencia lo que le hace descubrirlo, es el dolor y la incomodidad; es hasta que una situación lo lleva al extremo, que busca otras opciones.


Las redes sociales están diseñadas para estimular nuestro centro de placer de manera inmediata. Están diseñadas para crear adicción. Utilizan el condicionamiento clásico y las recompensas variables. Este diseño implica un bombardeo de información, mensajes, imágenes, sonidos. Sobreexponemos nuestra vida y sobreexponemos nuestros sentidos.

En el time line de Facebook, Twitter, Instagram, sólo por mencionar a las más populares, diariamente podemos leer (según nuestras preferencias y seguimientos) fragmentos que van desde la psicología, sociología, filosofía, literatura hasta los desahogos de “Juan Cuerdas”. El problema es justamente ese: Son fragmentos. No es posible formar un criterio con pedacera.


​Podríamos suponer que si bien no hay un conocimiento profundo en lo colectivo, sí que existe un conocimiento amplio. La cuestión es que no lo hay. Lo que hay es un pensamiento superficial, fragmentado, hecho de fotogramas, de partes, un collage, un Frankenstein y la realidad social, nuestro mundo, son demasiado complejos para pretender explicarlos con frases que no tienen conexión alguna.

Del Carpe Diem y otras perversiones

SILVIA CASTILLO ROMERO

Se defiende una frase como filosofía de vida o peor aún, como algo que puede explicar un fenómeno macroeconómico. Se habla de éxito o de fracaso como si sólo fuera válida una opción de vida y como si esta opción dependiera totalmente del individuo y no incidieran factores económicos, sociales, geográficos.

Un ejemplo palpable de esto es lo que menciono al inicio de este escrito: la moda de hablar del “Aquí y el Ahora”. Carpe Diem, para los que quieran sentirse más sofisticados.

Fritz Perls el fundador de la terapia Gestalt hacía énfasis en la importancia del “Aquí y Ahora”. Decía que toda terapia puede llevarse a cabo únicamente en el Ahora. El “darse cuenta”, el ubicarnos en el presente nos da mayores posibilidades de apreciar lo bueno que tenemos en lo inmediato. Lo que nos nutre y nos hace bien. Es una manera de evitar perder energía psíquica y enfocarnos en lo que sí podemos hacer (el presente) y soltar lo que ya no podemos modificar o mejorar (el pasado). Pero cuidado. La terapia Gestalt no niega el pasado. Como es natural el pasado resurge en el presente, pero desde esta perspectiva se trabaja con él. Reconocemos que una situación del presente nos recuerda algo que sucedió y que no resolvimos en su momento y al reconocerlo, al “darnos cuenta” podremos resignificar lo que sentimos para que no nos arrastre, para ubicarnos en lo que sí podemos mejorar; según la terapia Gestalt, de esta manera las personas pueden evitar caer en la melancolía o en la nostalgia excesiva y concentrarse en vivir la vida. ¿Hasta cuándo vas a sufrir por tu pasado? Fritz Perls.

El mensaje se pervierte cuando se utiliza fuera del contexto para el que fue creado. Imaginemos lo conveniente de decir: “Aquí y ahora” para el que no se responsabiliza de sus acciones o pretende utilizarte de alguna manera.

Si todo se desarrolla “Aquí y ahora”, no hay consecuencias. No hay pasado (nunca pasó), no hay futuro (tus sentimientos y expectativas no me importan). Qué conveniente para todos los que nos han hecho daño, incluyendo los malos gobernantes.

Es muy fácil caer en este tipo de juego. Nos libera de la responsabilidad de cuestionarnos, nos permite, lo mismo que los horóscopos, acomodar lo que nos sucede con explicaciones que calman los nervios pero que no solucionan nada. Como tomar aspirina sin atacar la causa de la enfermedad.

No es casualidad que la agenda neoliberal a través de los programas educativos en los países haga énfasis en el modelo tecnócrata y deslegitime las humanidades. De esta manera pretende negarse la historia y así como: “el pueblo que desconoce su historia está condenado a repetirla”, una persona que no considera sus experiencias pasadas en la toma de decisiones, también.

¿A dónde nos llevará este esquema de pensamiento fragmentado, sin profundidad? Es posible que todavía sea pronto para ver sus devastadores efectos… o tal vez no


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SILVIA CASTILLO ROMERO

Comunicóloga, articulista, creador de contenidos.
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