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QUIÉNES SOMOS HOY

Promoviendo el arte, la cultura y el análisis

Zapopan, Jalisco, México


Propongo que seamos más observadores. No es necesario ser científicos sociales o realizar elaboradas reflexiones sobre la naturaleza humana. Mira a tu alrededor en el transcurso del día. En lo cotidiano está la semilla de lo trascendente. Acostúmbrate a ver más allá, a cuestionar, interpretar desde otras posibilidades. No pases todo por el filtro del prejuicio… ¿Tienes una opinión? ¿Por qué no, darle la vuelta? ¿Por qué, sí?

Terminó la transmisión del noticiero, agradecí la invitación y empecé a despedirme, cuando uno de los conductores sentenció, que hoy en día es muy difícil entrar a trabajar a la radio, que realmente ya no había oportunidad para nadie. Me desconcertó un poco, porque no entendí la razón del comentario, era sencillo: Él no sabía que mi presencia ahí se debía a una invitación expresa. Pensó que “algo” buscaba.

Aquí viene la lección de vida que tuve acerca del RECIBIR.

Vi a dos seres humanos reaccionando de manera diferente al mismo hecho.

Uno de ellos, recibiendo el aprecio por su trabajo y no sólo eso, correspondiendo con amabilidad; el otro, no se permitió a sí mismo, recibir; prefirió pensar que había “algo más” que la simple intención de expresar reconocimiento a su labor. No lo juzguemos, ¿cuántas veces hemos reaccionado cómo él? Esa es la pregunta para autoanálisis.

Al tiempo me enteré que él murió. Su compañera de programa dejó la radio y entró a dar clases, curiosamente al mismo lugar donde yo trabajaba y al que renuncié hace años, para dedicarme de lleno al periodismo cultural y a la promoción. Ivette Hernández “Viborilda” sigue disfrutando de su profesión y del cariño de su público.

Si tuviéramos plena conciencia de lo breve que es nuestra vida, aprenderíamos a vivir más ligeros. Entenderíamos que nadie nos roba el aire, que no existe la competencia porque cada uno es diferente.

La vida da muchas vueltas pero yo prefiero tener los pies en el suelo y la cabeza en las nubes porque me gusta soñar, confiar y esperar lo mejor de las personas… hasta que demuestren lo contrario. 

A TÍTULO PERSONAL​​​
Silvia Castillo Romero


​​Guadalajara, Jalisco; 16 de marzo de 2018.

La vida nos da lecciones que no siempre percibimos en su momento y a veces es mejor que así sea; la ingenuidad nos libra de enemistades gratuitas y malos ratos, pero definitivamente es mejor aprenderlas. Una de las más importantes, es aprender a RECIBIR.
Si hablamos de necesidades afectivas, las personas humanas, en general deseamos amor, amistad, aceptación, confianza, seguridad, ternura, comprensión, validación, pertenencia... tendemos a buscar nuestra satisfacción y supervivencia, ¿no es así?


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Columna de Silvia Castillo Romero


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Silvia Castillo Romero © 2017  |   Todos los derechos reservados.



El día que conocí a Viborilda

Antes de dar por hecho lo anterior, hagamos un breve análisis:

¿De verdad lo deseamos?
¿Cuántas veces te has descubierto a ti mismo sospechando o cuestionando la generosidad de otros?
¿Has buscado con insistencia la compañía de alguien que te desdeña?
¿Pierdes todo interés cuando tienes la aceptación de la otra persona?
¿Qué tanto estamos dispuestos a RECIBIR?

DAR amor, atención, reconocimiento social, laboral, nos hace sentir magnánimos, buenos, sensibles, empáticos, nobles, dignos de amor.

PEDIR amor, atención, reconocimiento social, laboral, nos hace sentir buenos, eficientes, talentosos, justos, honestos, necesarios, dignos de amor.

¿Qué haces cuando recibes lo que das y lo que pides?


La anécdota

Hace tiempo que quiero compartirles esta historia. Podría haber elegido otros ejemplos:

Los que persiguen insistentemente a su crush* y el día que obtienen un Si, pierden todo interés o se alejan aterrados; el actor que envidia la fama de otros, pero cuando alguien reconoce su trabajo no sabe cómo lidiar con la admiración, ni corresponder con un gesto amable; podría mencionar muchos, y ustedes lectores, seguro recordaron a alguien.

Dudé un poco acerca de cómo titular este texto y me hubiera decidido por algún encabezado relacionado con todo lo mencionado, pero creo que es justo hacer referencia a la anécdota.

Cuando recién llegué a Guadalajara vivía en una casa de asistencia, no tenía televisión, no existían las redes sociales, no conocía casi a nadie, y no es de extrañar que la radio se convirtiera en mi acompañante cotidiana.

A mediodía, el programa de espectáculos de Ivette Hernández “Viborilda” y después el noticiero, hacían ameno mi descanso antes de regresar a dar clases a la universidad. La radio tiene una magia que no pudo ser igualada por la televisión. Los que acostumbran escucharla saben a lo que me refiero, realmente se disfruta hacer tus labores teniendo como fondo el programa que te gusta.

Durante una plática con compañeros de trabajo salió al tema, que uno de ellos era cercano a la conductora del noticiero, coincidimos en varias aficiones y al día siguiente me invitaron a visitarlos en cabina.

Me gusta el ambiente de las estaciones de radio, he disfrutado las participaciones que he tenido, pero me dediqué al periodismo escrito. Una de las cosas que más me agradan de la radio, es que, a diferencia de la televisión, existe camaradería entre compañeros y colegas.

Al llegar a cabina y saludar a mis anfitriones, alguien me dijo: “Mira, ella es Viborilda”, era la reconocida periodista de espectáculos, Ivette Hernández, que muy amable me dedicó algunos minutos antes de retirarse porque ya casi era la hora de inicio del noticiero de sus compañeros. Yo empezaba a resfriarme y el aire acondicionado de la cabina no me hizo nada bien, Ivette debió escucharme toser porque cuando menos lo esperé, me ofreció un vaso con agua tibia, tuvo la atención de mezclar el agua fría y caliente del dispensador.