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QUIÉNES SOMOS HOY

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Respira y continúa: “Mi hijo es mi mayor orgullo y mi marido es un hombre maravilloso. Le pido a Dios le preste 

mucha vida; porque mi niño está malito del hígado, del riñón; seguido se convulsiona, por eso toma medicamentos controlados.  Aun así, si yo volviera a nacer, correría de nueva cuenta al Río Tescuyapan y lo volvería a agarrar aunque mi familia se enoje, porque ser madre es el mejor regalo, hasta que Dios nos lo preste”.

Aseguró la entusiasta y emocional Patita. De momento recupera el ánimo positivo, sonríe y dice que su vida ha caminado con todos los matices: “De niña fui inquieta pero las circunstancias familiares me hicieron tener una conducta temerosa. Muchos años aseguré que mi vida no tenía sentido. Nací en un hogar destruido por el alcohol y las frustraciones heredadas. Hoy agradezco a aquella señora que decidió parir en el rio y a mi hermana que me hizo llegar a los cinco minutos del nacimiento… eso hizo que mi vida cambiara…”.

En el recorrido de su historia de vida, la Patita manifestó sentir orgullo por todo lo que ha vivido y no reparó en compartir ningún detalle.

“Hoy camino de frente, trabajo, y junto con mi marido, que es un gran hombre, construimos cada día nuestro hogar, nuestra familia y fomentamos el amor en nuestro hijo, nuestro regalo de vida”.

Aseguró la también líder de muchas mujeres de las colonias por donde cohabita: “Me gusta la política, sobre todo cuando la usan para ayudar. Como yo sufrí hambres, miserias y la falta de amor, eso me ayuda a caminar por los hogares para ayudar. En ese camino conocí a Paquis Corrales. En ella vi humildad, la veo humana y me consta que trabaja para ayudar a todos los pobres de Mazatlán. Por eso ando en su equipo territorial y me siento orgullosa por ello. Hoy me siento feliz, a gusto, realizada. ¿Qué más le puedo pedir a Dios? Lo que más ansiaba era ser madre y ya lo soy”. Puntualizó la inquieta y traviesa Patita.

SEMBLANZA
El sentido de la maternidad cambió mi vida
​Por MARTHA MENDIVIL



Mazatlán, Sinaloa, 11 de diciembre de 2019. QUIÉNES SOMOS HOY.-“Iba corriendo. No podía respirar… mi hermana fue por mí y la dejé muy atrás. Sólo quería llegar antes de que las aguas del Río Tescuyapan se llevaran a la criatura, allá en mi natal Tapachula Chiapas. Sólo quería lograr mi objetivo: ser madre. Llegué a pensar que la fuerte corriente podía hacer de las suyas y arrastrar al bebé que yo tanto deseaba tener. Recuerdo que mi estómago temblaba… sudaba frío… mi hermana me dijo: “Lo va a tirar al río en cuanto nazca, dice Patricia Cruz Cigarroa”.

Llegué a la parte más alta… agitada y desesperada. A lo lejos divisé a la señora, estaba sentada a la orilla del río; a un lado de su cuerpo, en el suelo húmedo y bajo el sol ardiente, ya lloraba el recién nacido… con pasos sigilosos nos acercamos, mis lágrimas ya brotaban, quería cargarlo, pegarlo a mi piel, ya lo sentía mío.

Dejó de llorar. Mi hermana le decía que yo lo quería… “ya tengo otros hijos y de este me violaron”, dijo la recién parturienta madre. Desde que lo agarré, sentí que yo lo parí… lo pegué a mi pecho, contemplé su rostro y me pareció el mejor niño del mundo… lo toqué, lo olí y muy convencida bajé cuesta río las cuatro cuadras.

Compre pañales, biberones, conseguí ropita y comencé a hacer planes para mi nueva vida, mi nueva familia. Lo acomodé en la cama, le canté y le dije que tenía mucho tiempo buscándolo. Muchos estudios me he hecho, hijo, y nada… desde antes de nacer ya te deseaba… le decía en voz alta mientras lo envolvía como tamal.

Recuerdo que duré horas contemplando su bello rostro. Quería que ya llegara mi esposo, quería decirle que los nueve años de matrimonio serían el ejemplo para nuestro hijo. Llegó mi marido. Gritó. Se enojó tanto que al día siguiente me echó a la calle, me aventó la ropa. No lo quiso porque es un niño especial.


No tenía un peso. Caminé sin rumbo, pero mi hijo me sostenía y con la bendición de Dios salí adelante… yo ya amaba a mi hijo hasta las nubes. Mi mamá me presto un jacalito pegado al río, no tenía luz, ni agua, era un asco; pero no tenía a dónde ir con mi bebe. Al mes me corrió. Mi madre quería dinero… ahora la entiendo, tenía problemas con el alcohol, nos golpeaba. A pesar de todo le demuestro que la acepto. Ahora cuando puedo le mando un dinerito, ella ha cambiado, ya no bebe”.

La patita se queda quieta, mientras sus lágrimas asoman…

“Trabajé duro, vendía pescados, iba a los barcos a cambiar cerveza por camarón. A los seis meses Dios me hizo otro regalo: me enamoró Alfredo, mi esposo, ya tenemos catorce años de casados. Mi viejo es muy bueno, es pescador, hace trece años, su enfermedad lo llevó a un estado vegetal y con mi hijo en brazos me vine a atender a mi marido.

MARTHA  EVELIA MENDIVIL DOMÍNGUEZ  (Huatabampo Sonora)

Profesora jubilada por la UAS. Pasante de doctorado en Educación Humanista.

Ha trabajado en Comunicación Social para gobiernos locales, diputados federales y algunos candidatos a diputados y senadores por Sinaloa.

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​Descubrí que atendía a dos discapacitados”. Comenta Patita, como le dicen sus amigos de la política, que tiene en su haber un ángel muy milagroso, que le puso en el camino a María de Antonio, quien le ayudó en su peregrinar, los alimentó, les dio techo y amor por un año. Mientras ambos sanaban: él, del derrame cerebral y después, ambos, del mundo de las drogas.


“Hoy tenemos once años limpios, me da orgullo que no necesitamos rehabilitación para dejarlas, porque por amor a Cristofer, nuestro hijo, cada día luchamos para que tenga a los mejores padres, porque si nosotros tenemos al mejor hijo del mundo, vale la pena vivir y agradecerle a Dios que ya tenga catorce años y medio… Lo amo tanto que hasta la vida me cambió… gracias a Dios”. Dijo mientras se secaba sus abundantes lágrimas.“Son muy chillona”, repetía, mientras reconoció que su mayor miedo es perder a su hijo o morir ella. “Es un niño especial y me dolería que sufriera. Pero no quiero soltarlo. No lo solté a los tres meses que me lo dieron, cuando la señora me lo pidió, porque se arrepintió de habérmelo regalado…” Interrumpe la narración porque grandes sollozos la sofocan.