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ESPAÑA
En el 91 tomo la decisión, junto con mi esposa, de irnos a estudiar el doctorado. Ella había estudiado la maestría en la UAM. Nos inscribimos, hicimos el trámite a distancia, solicitamos unas becas y nos fuimos a Madrid. Llegamos y fue un año muy difícil desde el punto de vista económico, porque estaba muy caro España, estaba el Madrid cultural, estaba la Olimpiada, la Expo de Sevilla, entonces, se habían disparado mucho los precios de la vivienda, de la comida


SCR: ¿Estuvieron los dos años del doctorado?
EHN: Si, pensamos en algún momento en abandonarlo. No nos alcanzaba. Tuvimos que economizar. Sobre todo porque tramitamos becas de la SEP, que fueron autorizadas pero que nunca nos habían dado un centavo… entonces, ocurrió, recuerdo, un hecho muy curioso en agosto de 92.


Habíamos creado junto con otros mexicanos, la asociación de estudiantes y profesores mexicanos en España, era una organización de amigos que creo que hasta la fecha existe. 

El PERIODISMO DE OPINIÓN
En el 88, 89, yo tenía una página en “El Sol del Pacífico” llamada “Agenda Regional” y me permitió ganar mi primer Premio Estatal de Periodismo, en el año 89. Luego vendrían otros premios como “El Sol de Soles” que también daba “El Sol…”. Luego me gané un premio de periodismo que daba la Universidad, era “El Payo del Rosario”.
Ha sido una experiencia enriquecedora porque además yo he tratado de hablar sobre Sinaloa. Sobre los temas de Sinaloa. Especialmente en Noroeste. Ahorita estoy con tres artículos semanales: Río Doce, Noroeste y Sin Embargo. Todas las semanas preparo un artículo diferente para cada uno de ellos. En Río Doce me interesan los temas de seguridad porque es un poco el ADN y acá en Noroeste son los temas estatales, los temas duros del estado. En Sin Embargo son temas políticos pero también me explayo a otras áreas: cultura, sociología, vida cotidiana… entonces, es un ejercicio intelectual muy interesante.

SCR: ¿Cómo es un día en la vida de Ernesto Hernández Norzagaray?

EHN: Me levanto a las cinco de la mañana, de cinco a seis me pongo a leer. Me empiezan a llegar boletines de prensa de las notas principales en el estado y nacionales, empiezo a leer algunos periódicos en Internet y siempre tengo libros que estoy consultando. Ya como a las seis, seis y media, me voy a hacer ejercicio. Regreso y me pongo a escribir, ciertos días, cuando escribo los textos es entre lunes y martes o martes y miércoles.

Ahorita estoy trabajando en un libro sobre el escándalo político en México, más académico, pero también periodístico. Este tema implica todo lo que significó que la gente se hartara del PRI, tienes un diagnóstico a través de los escándalos.

SCR: ¿Hará un recuento de todo lo sucedido?
EHN: Hay teorías del escándalo político, he trabajado esos temas desde el punto de vista teórico pero asociado con el tema de las elecciones: qué tanto impactan los escándalos en los resultados electorales. La gente, cómo llega a sentirse defraudada por un partido, un personaje, y vota en contra. Como sucedió ahora, sin escándalos no creo que hubiera habido el resultado electoral que hubo.

SCR: ¿Abordará la influencia de las redes sociales?
EHN: Si, de hecho acabo de mandar un trabajo que lo va a publicar una revista especializada sobre el tema de los debates presidenciales. Hay una parte que tiene que ver con la post verdad, los check in en el debate presidencial y como un conglomerado de medios apoyado en las Redes Sociales checaron todo lo que habían dicho los candidatos sobre temas económicos, políticos, y demostraron qué tantas mentiras estaba diciendo cada quien. ¿Lo viste?

SCR: ¿Verificado 2018?
EHN: Si, escribí un texto largo, como de cincuenta y cinco cuartillas que lo va a publicar una revista de ciencia política. El escándalo o el insumo del escándalo siempre ha estado presente.

SCR: Y lo usan a favor.
EHN: Si, pero, ¿cuándo se convierte en escándalo? Cuando unos medios independientes lo exhiben y lo hacen escalar.

SCR: También es la mediación que hagan ellos.
EHN: Sobre todo la intensidad: “Dicho mil veces” puede ser decisivo para la vida de un político. Las exhibiciones.

SCR: Que además no tenemos todos los elementos, no conocemos el contexto de determinado video, de alguna declaración.
EHN: Es toda una estrategia desde los medios porque lo seleccionas y lo vas administrando hasta quedar aniquilado. Por ejemplo, el tema de la Casa Blanca, cómo va evolucionando, o el de la Estafa Maestra, o el caso Ayotzinapa. Ahí está una cosa muy interesante: en el área de ciencia política ha sido poco estudiado, en los congresos todavía no hay un gran debate sobre los escándalos. En cambio en Europa, fíjate que sí.

SCR: ¿El Escándalo desde la perspectiva de las redes sociales?
EHN: Es que el escándalo político no puede estar disociado de los medios de comunicación. Se necesita de unos medios dispuestos a hacer público lo privado. Bajo la alfombra. Por eso también influye mucho la intensidad con que se toca el tema y se llega a acabar con la carrera de un político o llevarlo a la cárcel. En México siempre ha habido insumos para el escándalo, pero no siempre ha habido medios de comunicación independientes, dispuesto a exhibir a los protagonistas del escándalo.

SCR: La consigna también es dividir opiniones, ¿no?
EHN:
La cuestión es quién pone la nota en términos de trabajo periodístico… ahorita están muy descontrolados con el tema de las redes de López Obrador. ¿Quién puede estar en desacuerdo con que se paguen salarios de acuerdo a la realidad económica del país? Pero sí estar de acuerdo, en pagar esos cientos de miles de pesos a personas que tienen (que se ha demostrado en el caso del poder judicial) un bajo rendimiento institucional, que tienen el noventa y cinco por ciento de los expedientes sin resolver. ¿Cómo vas a defender eso? ¿Nomás por estar en contra? Ves al PRI y al PAN descompuestos, queriendo ser oposición con algo indefendible.

SCR: ¿Y el ciudadano de a pie? El que no pertenece a esos grupos, pero que se identifica o quiere pertenecer. Es otro fenómeno.
EHN:
Es que también, respecto a López Obrador, han estado machacando el tema durante 14 años.

SCR: ¿Cómo definiría el panorama nacional en este nuevo periodo?
EHN:
Yo creo que estamos viviendo una etapa muy esperanzadora. Creo que el país, desde el cardenismo, no había tenido una etapa que fuera tan reveladora y con tantas posibilidades como las que existen hoy. Este fenómeno que se está viviendo sacude cosas que no se habían movido durante todo este tiempo y el futuro, si lo vemos a partir de lo que existe hoy, es un futuro esperanzador.

La pregunta es, este tipo de medidas, hasta donde van a servir como argumento político, por más que sea una realidad. Y hasta donde es necesario, también, las políticas públicas de un nuevo proyecto político. Y también, desde otro aspecto, cómo se van a comportar los actores políticos alternativos.

El tema de la violencia, tras un año, a ver los números… qué nos indican, ¿bajó el número de crímenes dolosos o aumentó? El salario real… ¿estamos mejor que antes? La capacidad económica, de consumo, ¿ha bajado o aumentado? Y así se va a evaluar cuando hayan transcurrido uno o dos años.

De hecho López Obrador va a aparecer en la boleta electoral el 2021 porque va a llevar a consulta si debe seguir ahí. Yo creo que el 2021 será el balance que hace la gente, no los especialistas. Si ven un balance positivo, obviamente va a traer el refrendo de Morena; pero bueno, ahora los actores externos, cómo pueden estar influidos en las finanzas públicas, cómo se comportan los actores internos con el tema de la inseguridad, con el tema de los negocios sucios, ¿van a apostar a desestabilizar el gobierno? ¿Qué van a hacer?

Por lo pronto hay que quedarnos con la idea de que es un momento esperanzador, la experiencia de cómo termina el gobierno de Cárdenas, por ejemplo, que es el caso más parecido a López Obrador, es que a final de cuentas, los actores duros de la política mexicana, terminaron imponiéndose. Cárdenas tenía al general Mojica como su relevo, era la propuesta de él, pero vino Ávila Camacho.

Son diferentes escenarios, pero la historia, dicen, a veces se repite como tragedia y otras veces como drama. Vamos a ver quiénes estarán como oferta para suceder a López Obrador, si no es que cambia la ley para continuar gobernando, él ha dicho que no, pero “si la gente dice que me quede, pues me quedo”.


Teníamos una interlocución con el embajador que en aquel entonces era Jesús Silva Herzog, entonces íbamos con cierta frecuencia a la casa del embajador y conversábamos toda una tarde sobre los temas de México, fue muy ilustrativo, a veces él iba incluso a nuestras casas a seguir la charla, un hombre muy abierto, muy interesante. Él había sido Secretario de Hacienda y Crédito Público, muy informado y se crea, en buena parte por iniciativa de él pero también por el gobierno mexicano, la Cumbre Iberoamericana, en 1992 tiene lugar el primer encuentro.

Nos invitaron a la casa del embajador, estaba Carlos Salinas de Gortari, como Presidente, dando una conferencia de prensa y nosotros nos quedamos en el jardín y estando ahí me encontré a Ernesto Zedillo, que era Secretario de Educación Pública.

Nosotros llegamos a España, a la Universidad Complutense de Madrid, ahí yo entro a la carrera de Ciencia Política y Administración y Lorena entra a la carrera de Economía Aplicada, en ese contexto no teníamos más que los salarios, el primer semestre de 92 fue muy difícil porque no nos alcanzaba el dinero, vivíamos en el centro de Madrid.

Tuvimos suerte, hasta eso, porque se fueron acomodando las cosas, hay anécdotas muy curiosas. Por ejemplo, quién nos ayuda en un determinado momento ahí en Madrid. Fuimos a parar con unos expatriados colombianos, exiliados prácticamente, eran guerrilleros. Ahí había una mujer, Cristina Hernández, había perdido al marido en la guerra colombiana, tenía dos hijos y nosotros llevábamos a nuestros dos hijos también. Se hizo un click muy hermoso porque esta mujer al principio era muy desconfiada, pero yo recuerdo un detalle: Pascal, uno de nuestros hijos, llegó sin decirle nada, el día que la conocimos (nos quedamos de ver en un parque, como si fuera clandestino el encuentro) y desde que la vio, llegó y la abrazó. Con eso ya se le quitaron las reservas.

En realidad no pensé que nos fuera a ayudar, nos la habían recomendado para que nos rentara un piso y nos dijo: “¿Por qué no se vienen a vivir con nosotros?, somos dos”. Y aceptamos. Le pagábamos la parte correspondiente y una vez nos dijo: “Quédense con el departamento, ustedes síganlo pagando”. Ahí estuvimos como seis meses.


Pero volviendo al tema de Zedillo, le planteamos el asunto: “Fíjese que nos dieron unas becas, pero nunca nos han dado nada…”. Le platicamos la situación y también desconfiado el hombre, así con cara de: “Estos me quieren ver la cara”, al principio, y ya después empezó a bromear con nosotros. A final de cuentas me dijo: “Dame tu nombre y tu teléfono, voy a pedir que revisen tu caso”. Se lo doy, lo guarda en un saco y yo dije, a ver qué va a pasar con ese saco, con la tarjetita que le di… pasaron dos o tres meses… eso fue en agosto y por allá a finales de noviembre nos habla la secretaria particular de Zedillo, nos pide toda la información y empiezan a investigar. Un día nos dice: “Si existe esa beca otorgada pero hay un problema, no se ha entregado porque falta un papel de la Universidad, se los hemos requerido muchas veces y no lo han mandado”. Estaba el gordo Moreno como rector. En aquel entonces los medios electrónicos no existían prácticamente y Lorena se va a México a gestionar ese papel: Estaba en un cajón. Nunca se había mandado. Eso nos costó una buena parte del dinero que teníamos.

SCR: ¿Estaba elaborado?
EHN: Sí, pero nunca lo habían mandado.

SCR: ¿Fue negligencia?
EHN: A lo mejor no nos querían dar el apoyo, en aquel entonces una de las cosas que existía era, con quien estás. Si tú estabas con un grupo, el otro grupo hacía lo que sea para hacerte la vida imposible. Era muy político el ambiente.

SCR: Todavía lo es, ¿no?
EHN: Ahora es diferente, porque hoy no hay grupos, hay uno solo, un solo cacique. En aquel entonces había varios. Lorena rescata el documento y la SEP dice: “Sólo le vamos a dar a uno de los dos, pero le vamos a dar lo máximo”. Yo para esto, a través de la asociación había gestionado una beca en el CONACYT y resultó que me la dieron. Además sucedió que cuando pasa la Olimpiada, la Expo de Sevilla y el Madrid Cultural aquello que eran noventa pesetas por dólar, de repente, en menos de un mes eran ciento sesenta por dólar, o sea, recuperamos. Y ya hubo condiciones para armar proyectos, nos salimos de Madrid, nos fuimos a un lugar que se llama el Canal de Henares, ahí vivimos. Una ciudad histórica, muy bella, donde está la Universidad de Alcalá y tuvimos un departamento de tres recámaras, empezamos a comprar libros, viajar… pero siempre vienen las cosas pegadas con algo.

Antes de irnos, nosotros vendimos un carro, ofrecimos en renta un terreno que teníamos para tener algo de recursos y nos hicieron un fraude… un alumno de la facultad de derecho. Cuando supo este alumno que andaba vendiendo el terreno, se acerca y me dice: “Profe, yo se lo compro, nada más deme una copia simple de la escritura para gestionar el préstamo en un banco”, y pues, bueno, uno confiado, se lo da y con eso, se hace un fraude y un fraude que nos enteramos de casualidad que nos querían embargar la casa porque el terreno ya no garantizaba lo que habían prestado.

EL VETO
Por mi trabajo periodístico, por mi cuestionamiento a ciertas cosas que estaban ocurriendo en la UAS, sobre todo con el cacicazgo de Héctor Melesio Cuén Ojeda, me vetaron. Había una política en la Universidad de que quienes estábamos en el Sistema Nacional de Investigadores, que es algo que no he comentado, yo en el año 96 ingreso al Sistema Nacional de Investigadores como Nivel 1, y hasta el día de hoy soy miembro, a pesar de que no tengo adscripción institucional, pero sigo haciendo labor de investigación.

Cuando decido jubilarme yo estaba ligado a tres programas: el doctorado en Ciencias Sociales, la maestría en Ciencias Sociales y la licenciatura en Sociología ahí en la facultad de Ciencias Sociales. Llegué a ser Nivel 2 y hasta el año pasado dejé de serlo por la falta de adscripción. Cuando tomé la decisión de jubilarme, recordé que había una política de retención de los miembros del SIN porque los necesitan las universidades para los procesos de certificación, entonces, tanto el director del doctorado, como el de la maestría y la licenciatura, le pidieron al rector que me conservara porque me necesitaban para los procesos de certificación… y no quiso. Dijo que no, que el que se jubilaba, se jubilaba y ya, fuera. Incluso yo les dije, no me interesa siquiera que me paguen y aun así, no quisieron.

Guadalajara, Jalisco, México. (Quiénes Somos Hoy).- Ernesto Hernández Norzagaray es un reconocido analista político, escritor y periodista de gran trayectoria académica. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, ha sido un importante pilar de la Universidad Autónoma de Sinaloa durante casi cuatro décadas. En esta entrevista realizada en Mazatlán haremos una retrospectiva de su vida en Sinaloa, en la Ciudad de México y Europa, hasta llegar al momento actual, en que es colaborador del diario Noroeste, Riodoce y SinEmbargo.

ERNESTO HERNÁNDEZ NORZAGARAY.

Es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Ex Presidente del Consejo Directivo de la Sociedad Mexicana de Estudios Electorales A. C. 2007-2010, ex miembro del Consejo Directivo de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (Alacip) y del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Ciencia Política A.C. Colaborador del diario Noroeste, Riodoce y SinEmbargo. Ha recibido premios de periodismo. Autor de múltiples artículos y varios libros sobre temas político electorales.

LA DOCENCIA
Yo estaba terminando la carrera, llegó el profesor Humberto Macías a visitar a su hermano y en la cena, en una plática me dice: “¿No te quieres ir a Sinaloa? hay una plaza ahí”, estamos hablando de agosto del 77, no lo pensé mucho. Fue así como llegué a Mazatlán en agosto del 77 y me incorporé a la Facultad de Ciencias Sociales. En aquel entonces, era una facultad que apenas nacía, tenía dos o tres años, no había sacado ni siquiera la primera generación y me incorporé a la planta de Sociología.

En aquel momento era una situación caótica, era muy difícil trabajar por la constante confrontación que había en esa escuela y en general, la Universidad ya estaba muy permeada por lo ideológico. Eran grandes debates que se hacían ahí, muchas veces muy lejos de lo que era la academia. Así empecé en la UAS.

Luego en 1982 decido ir a estudiar la Maestría a la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y ahí viví una doble experiencia porque era una Facultad que en ese momento tenía pocas clases, yo me empecé a desesperar porque tenía grandes personajes registrados como profesores pero llegaban los ayudantes… supe de una maestría de nueva creación en ese año, en el Centro de Estudios Económicos Sociales del Tercer Mundo, una institución que en los años que duró tenía mucho efecto en el mundo académico, tenía dos programas de relaciones económicas internacionales, que era donde estaba yo y otro de problemas agrarios. Muy exigente el sistema, nada que ver con la UNAM pero aun así, seguí en la UNAM, para eso me habían becado; entonces, combiné las dos maestrías y finalmente en 1984, regresé a Mazatlán.

Me reincorporo a la UAS y ahí estoy hasta principios de los 90 sin salir, dedicado exclusivamente al tema de la docencia, empiezo a hacer los primeros trabajos de investigación, en aquel entonces prácticamente nadie hacía investigación en la escuela y bueno, lo que pasa es que tampoco había mucho dónde publicar. Había gente académicamente muy preparada, puedo mencionar a algunos de ellos: Reyes Ayala, el profesor Gustavo Lozano Velázquez, Humberto Macías, Melvin Cantarel, José Luis Beraud, Segundo Galicia, el profesor José Manuel Villanueva, en fin, una generación que había hecho estudios en la UNAM y era un cuadro de formación muy sólida, es decir, la escuela era un escenario ya, de los debates económicos a nivel nacional, de los debates en el campo de la ciencia social. Se volvió un referente estatal, cosa que luego se fue diluyendo y es local hoy, no tiene ninguna proyección la escuela en el ámbito político, social, no es una referencia para tomarse en cuenta, como en aquel momento sí lo era.

SCR: Algo de lo que nos beneficiamos los que tuvimos la fortuna de ser alumnos en ese tiempo.

EHN: Si, por ahí pasaba gente muy significativa en el campo de las ciencias sociales, económicas, de América Latina, de Europa, llegamos a tener profesores que venían de Europa y se estaban un semestre ahí con nosotros. Gente con una obra publicada muy importante. Recuerdo a dos de ellos… a Pepe Denis que venía de la Universidad Complutense y al profesor José María Vidal Villa de la Universidad de Barcelona, él era decano de la Universidad, pero también del Cono Sur; profesores argentinos, chilenos, era un lugar excepcional en aquel momento, y se empezaron a producir libros. Cosa que no había ocurrido en la última década. Entonces la escuela adquiere otro nivel, adquiere cada vez una planta de profesores más formados y eso permitió que salieran mejor preparados los muchachos que llegaban a la escuela, porque además los estudiantes generalmente eran trabajadores, no eran el típico estudiante de papi y mami.

Eso fue en diciembre del 92 y nos amargó la navidad, estábamos indecisos de qué hacer, porque ya iban a embargar la casa. Lo único que se me ocurrió fue escribirle a una alumna que es abogada, muy buena abogada y le dije: “Necesito tu ayuda, porque si no, voy a tener que interrumpir el doctorado para regresar a litigar eso”. Esta persona nos ayudó, manejó muy bien el asunto y ya terminamos los créditos el verano siguiente.

Nosotros habíamos pensado, como nos quedaba un año de beca para escribir la tesis, irnos seis meses a Francia y seis meses a Inglaterra, nos tuvimos que regresar y empezamos a escribir la tesis en Mazatlán y a enfrentar el litigio que traíamos. Nos incorporamos a la UAS de nuevo.

Para el 96 habíamos entregado las tesis y nos habíamos titulado de doctores, fuimos de los primeros doctores de la Facultad de Ciencias Sociales. Empezó una etapa importante en mi vida porque ya traía el chip de hacer trabajo de investigación. De hecho, mi tesis doctoral la publicó la UAS. Empiezo a ir a congresos, a participar en asociaciones, a hacer algunos libros, colaborar en otros, en revistas, recibo invitaciones para ir a universidades tanto del país como de fuera, especialmente de España, me invitan a estancias cortas en la Universidad Internacional de Andalucía, en la Universidad de Salamanca, en el Instituto Ortega y Gasset, siempre con temas de México.

Entonces viene un nuevo momento y en eso también, me inicio en el periodismo. En el 98 Manuel Clouthier me invita a que participe en su periódico,  acepto y empieza una carrera paralela al trabajo de investigación, luego me invitan a ser miembro del Consejo Local del IFE, y después como miembro del Consejo Estatal Electoral, un área que me permite ya no quedarme tanto en el aula sino también participar en procesos electorales y ahí viene también otra etapa de trabajo académico muy intenso.

En el 98 en ese ínterin ya había terminado la carrera académica, me había puesto a trabajar en cosas más a largo plazo y así, llegamos al 2013, después de treinta y seis años de estar en la universidad, decido jubilarme. Pero yo sigo ligado todavía.

LOS MOCHIS

Nací en Los Mochis, Sinaloa, en el ambiente de una familia de clase media donde yo soy el único que llega a la preparatoria, estamos hablando de los años sesenta, principios de los setenta. Era una familia que inmediatamente se integraba al mercado laboral ahí en Los Mochis o se iban a Estados Unidos, como fue el caso de dos hermanos míos.

Me quedé en Los Mochis, mi padre había fallecido cuando yo tenía 12 años, estudié la secundaria, luego ingresé a la prepa, la prepa Mochis de la UAS, ahí establecí vínculos con otros jóvenes como yo, que fueron decisivos en mi vida, porque cuando terminamos los estudios preparatorianos la pregunta es: ahora qué es lo que viene y en mi familia, en esos momentos, no había muchos recursos para pensar en irse muy lejos de Los Mochis y en aquel entonces no había carreras profesionales en la localidad.

Uno de ellos, hijo de un empresario, que hasta la fecha es mi amigo, me dijo: “¿Y ahora qué vas a hacer?”. Le respondí: “No sé, probablemente vaya a estudiar a Culiacán…” y hasta ahí… pensaba estudiar la carrera de ingeniero agrónomo, pero recuerdo que me dice mi amigo, que ahora es un médico muy destacado: “Oye, ¿y por qué no te vienes con nosotros a la ciudad de México?”. Yo nunca había pensado irme a la ciudad de México y le dije: “Es que no tengo dinero para irme”. “No, pero donde comen unos, comen dos”, me respondió.

Con esa idea me fui… y pues, cuál donde comen unos comen dos, al rato andaba con serios problemas económicos allá y mis hermanos que estaban en Estados Unidos me empezaron a mandar algo de dinero, pero era insuficiente, prácticamente era para la renta. Terminé el primer año en la Facultad de Ciencias Políticas, donde empecé a estudiar la carrera de Sociología, no fue muy bien, precisamente por los problemas económicos que tenía, pero de todos modos saqué materias ese año, y ante esa situación de dificultad económica, les dije a mis hermanos: “Oigan, ya no me ayuden. Quisiera que mejor me ayudaran para ir a trabajar una temporada a Estados Unidos”. Intentamos por la vía legal hacer el trámite para estudiar inglés en el sur de California pero me negaron la visa. Yo tenía la idea de que había qué intentarlo de otra manera, entonces, mi hermano, que tiene un cierto parecido conmigo me dijo: “Pásate con mis papeles”. Y así lo hice. Llegué a Estados Unidos, trabajé siete meses, acumulé capital, porque al día siguiente que llegué ya tenía trabajo gracias a un cuñado puertorriqueño que me consiguió inmediatamente. Estuve trabajando todos esos meses y logré juntar tres mil quinientos dólares, recuerdo que era una fortuna a mediados de los años 70 y a los seis meses me reincorporé a la Universidad Nacional Autónoma de México.

En condiciones más cómodas financieramente, empecé en la carrera realmente, en el tercer semestre. También en ese momento me invitan a trabajar en el Departamento del Distrito Federal en un área de investigación que me permitió conocer el centro de la ciudad de México en una perspectiva sociológica, porque tenían un proyecto sobre la macrocefalia en la zona de La Merced para ver alternativas de gobierno para esas zonas deprimidas. Fue mi primera experiencia en el área de investigación. Combinaba este trabajo con los estudios, ya estaba en el segundo año de la carrera.

SCR: ¿Fueron represalias?

EHN: Evidentemente era por el trabajo periodístico que es una línea de señalamiento que vengo haciendo hasta el día de hoy.

SCR: ¿Lamenta esa situación?
EHN: Sí, por la Universidad. Porque estaba dirigiendo tesis y de repente chavos que estaban en proceso de titulación se quedaron en el aire… claro, hubo alguien que me sustituyó, pero además fueron los procesos de certificación. En la UAS habíamos Nivel 2, como 5, muy pocos. Hasta la fecha, si tú revisas el número del SIN cuántos hay en la UAS, no llega a 10. Es lamentable por la forma en que sucedió. No hubo ningún argumento académico:

-El que se jubila, se jubila.

-Oiga, pero lo necesitamos…

-No nos importa.

SCR: ¿La academia dejó de importar en la Universidad Autónoma de Sinaloa?
EHN: Acuérdate que la UAS ahora es una universidad partido, todo funciona no sólo conforme al interés del partido de Cuén, sino de un personaje concreto: Héctor Melesio Cuén Ojeda, entonces, ahora todo el proceso de incorporación a la UAS, es vía la cercanía que se pueda tener con ese partido. Puede venir Einstein a dar clases aquí, y le van a decir que no, que tendría que hacerse miembro del PAS (Partido Sinaloense) y repartir volantes en las esquinas.

SCR: Cuando la raíz de una Universidad o la razón de ser, es ser Universal, albergar todas las formas de pensar.
EHN: Claro. No, pues eso está negado en la Universidad. Tú ves la línea editorial… ¿dónde están esos académicos que producen libros muy importantes, de escritores europeos, académicos de América Latina… en la UAS, no.

SCR: ¿Cuáles pudieran ser las consecuencias de esta situación en la Universidad?

EHN: Pues la descapitalización humana, una cosa que tiene mi generación por ejemplo, es que la UAS nos formó. Nos dijo: “Váyanse a estudiar” y no “patitos”. Los “patitos” llegaron después. Nos dijeron: “Váyanse a la UNAM, a programas académicos de excelencia a Europa, a Estados Unidos”. Esto sucedió sobre todo en los años 80. Luego la primera mitad o quizá todos los 90. Aunque ya en los 90 empieza a verse los primeros programas “patito”. Doctorados de fin de semana.

SCR: ¿Esto por qué fue? ¿Qué sucedió en los 90?
EHN: Yo creo que tuvo mucho que ver la SEP, también la vaquetonada de nuestras autoridades, ¿por qué? Porque empezaron a decir: Bueno, hay dos elementos para evaluar a las Universidades, una: el número de doctores que tenga y por otro lado, la eficiencia terminal de los programas. Se trataba de sacar y demostrarle a la SEP que tenías doctores, entonces, de la noche a la mañana, donde había una docena, empezó a haber cientos. Y resultaba muy atractivo. Yo conocí gente que fueron malos alumnos y que lograron tener acceso a la Universidad y que, se metieron en programas patito de maestría y luego de doctorado.

SCR: No tenían el aval de CONACYT, por supuesto.
EHN: No, no… patitos, patitos. Se creaban programas académicos, entre comillas, que titulaban con cursos de fin de semana, los sábados.

SCR: ¿Dentro de la misma Universidad?
EHN: Dentro y fuera de la Universidad, por ejemplo, había cosas como, programa de doctorado en humanidades. Genérico, completamente. Entonces, en menos de dos años, ya eras doctor, y ya eras maestro en un año. Digo, la experiencia de nosotros fue muy dura, como te la comenté, estábamos en un programa de excelencia. CONACYT tenía catálogos para decir: Esta Universidad está bien, esta no está bien… y en función de eso, te evalúa.
Entonces, ¿qué tenemos ahí? Que al final, la UAS, tenía más doctores, más maestros en ciencias, pero un alto porcentaje eran “patitos”. Instituciones creadas ex profeso para generar maestros y doctores, en un plazo breve sin ninguna exigencia académica.

SCR: ¿Esto también obedece a las políticas de México para cumplir con la OCDE?
EHN: Si, para cumplir estándares internacionales. Pero no vas a comparar, por ejemplo, un doctor alemán, con un doctor de la UAS. Hechizos pues, eran programas hechizos… y era muy atractivo, porque muchos se metían a esos programas de fin de semana e inmediatamente recibían un aumento de salario. Te encuentras gente que estudió “patitos”: estudiaron en programas de licenciatura no muy consolidados, luego la maestría “patito”, luego doctorado “patito”. Pregúntales a muchos de ellos, qué trabajo de investigación publicado tienen por una editorial conocida, te vas a encontrar con que no hay nada.

SCR: Aun así tienen los posgrados…
EHN: Hubo incluso, cosas chistosas ahí en la escuela, particularmente. Yo recuerdo algunos casos, que eran egresados de programas “patito” y quisieron “sorprender” al Programa Nacional de Investigadores, solicitaron el ingreso al Sistema Nacional de Investigadores. Llegan, hacen la solicitud, les piden una serie de documentos, pero el CONACYT en ese sentido es riguroso: Tú donde estudiaste. No, pues, en la Universidad de Mazatlán. El CONACYT tiene un catálogo de Universidades y pues no, no está certificada. Incluso gente muy reconocida.
Entonces, de eso se llenó la UAS, todos son doctores, pero les dices: “A ver tu productividad de investigación, tus libros…”, “dónde está tu especialidad o qué temas manejas con solvencia…”. Nada. Ha servido solamente para que cobren más. Y ha tenido un costo económico muy alto para la Universidad. Estos “patito” se jubilan igual que el que haya estudiado en Harvard. Son doctores. No se distingue en qué universidad estudiaron. Esto es, digamos, en resumen.

ENTREVISTA AL DOCTOR ERNESTO HERNÁNDEZ NORZAGARAY


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Silvia Castillo Romero © 2017  |   Todos los derechos reservados.



SILVIA CASTILLO ROMERO. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Actriz de teatro. Tiene estudios de psicología y ciencias políticas. Ha colaborado en diversos medios escritos y electrónicos como reportera, editora, columnista y en creación literaria. Ha sido docente universitaria y asesor de planeación académica. Ha trabajado en el servicio público.

Fundadora y directora general en Quiénes Somos Hoy desde 2011. Actualmente se dedica a la actuación y producción teatral y a la producción independiente de contenidos periodísticos y literarios.

QUIÉNES SOMOS HOY

Promoviendo el arte, la cultura y el análisis

Zapopan, Jalisco, México


​​Por Silvia Castillo Romero 22 abril 2019

SCR: ¿Cómo percibió a la UAS después su estancia en el extranjero?
EHN: No, pues muy contrastante. Desde la presencia física, la formalidad, la dignidad de los espacios, las bibliotecas, los recursos con los que contaban los profesores. Acá te encontrabas que llegaban profes con chanclas, sin bañarse, sin preparar clases, era pésimo. No había un perfil universitario que dijeras: Ese parece profesor y es profesor. Y hasta la fecha hay de alguna manera ese vicio, más cambiaditos… hoy en la UAS se deben más al partido, si quedas bien con el partido aunque quedes mal acá. Esa es la cuestión. Entonces si fue de un contraste muy fuerte.

Para ser también justos viene una época muy buena para las universidades y en particular para la UAS en la época en que hay muchos recursos del petróleo y que tiene qué ver con la llegada de la izquierda en materia de educación. Hay mucha lana para universidades como ésta y esto permitió también remodelar a la Universidad, los edificios, los espacios verdes, cambió la imagen de la Universidad pero atrás, el efecto fue en términos políticos, fue cuando dijo Cuén: “Yo puedo crear un partido”.


SCR: ¿No debería estar prohibido por el mismo espíritu de lo que es una Universidad?
EHN: Pues está prohibido pero nunca te lo van a reconocer. Crearon una institución a su imagen y semejanza, es un partido, inclusive la extensión de unidades académicas, si tú revisas donde están los estudiantes de la UAS, el 70, quizá hasta el 80 por ciento está en las prepas y las prepas están, ya no en todos los municipios, sino prácticamente en todas las sindicaturas del Estado. ¿Con qué fin? Para tener en cada sindicatura, un asiento del partido. Y desde esas unidades haces política en tu entorno. Política partidista. Tienen una estructura estatal sustentada en la UAS y además con un mecanismo de cada seis meses, evalúan partidistamente, y ellos mismos deciden si te quedas o te vas. “Este ya no está con nosotros”, ya no aparece tu cheque. En tiempos de campaña: “Oye, ¿cómo estuvo fulano? ¿Participó?” “No, pues así nada más”, “Pues quítenle la mitad de horas”. Es terrible lo que hay ahí. Operan bajo el tema del rendimiento. Hay una gran inseguridad laboral, la gente tiene miedo. Muchos no tienen otra cosa más que eso. Tú ves de repente, profesores jóvenes, que han estudiado una maestría, que están haciendo esfuerzos por ser buenos académicos y los ves en una esquina repartiendo volantes del PAS… y te ven y agachan la cabeza, se sienten apenados pero lo tienen qué hacer porque si no, no les dan horas clase.

Silvia Castillo Romero: ¿Cómo fue el cambio de ingeniería agrónoma a sociología?

Ernesto Hernández Norzagaray: Hay un tránsito. En realidad yo llevaba la idea de estudiar una ingeniería y cuando llego a la UNAM me inscribo en la carrera de ingeniería. Como no había agronomía, me metí a la carrera de ingeniero mecánico electricista, pero me parecía deprimente el lugar donde tomábamos las clases, era un ambiente frío en varios sentidos: el lugar era muy frío, la gente era media fría también, y aparte, las matemáticas eran frías.

Yo tendí un puente con otros compañeros de Los Mochis, que estudiaban en la Facultad de Ciencias Políticas y todas las tardes bajaba de esta unidad académica a la Facultad y pues ahí, yo me sentía cómodo. Me dije, allá no, no es lo mío, no me sentía a gusto. Entonces, fue así como tomo la decisión de cambiarme a la carrera de periodismo, duré dos o tres meses, no más. Recuerdo que un amigo de Los Mochis que estudiaba Sociología, me dice: “Oye, ¿para qué te metes a estudiar periodismo? Tú podrías ser un buen periodista si estudias sociología”. Y me convenció esa idea. Me cambié a Sociología y ahí me quedé.

Hice la carrera y terminé los créditos en el año 77. En ese inter trabajé en el Politécnico Nacional, en la Escuela Nacional de Biblioteconomía, en el Instituto Nacional de Estudios del Trabajo. Me fui moviendo y consiguiendo empleos orientados al campo de los estudios sociales. También estuve en CENIET, lo que luego sería el INEGI, estuve un tiempo corto y luego surge la oportunidad de venirme aquí a Sinaloa en el 77.