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QUIÉNES SOMOS HOY

PROMOVIENDO EL ARTE, LA CULTURA Y EL ANÁLISIS

QUIÉNES SOMOS HOY

GUADALAJARA, JALISCO; 5 JULIO DE 2020

​IN MEMORIAM HÉCTOR SUÁREZ


​LA SEÑORA PRESIDENTA de los dramaturgos franceses Jacques Brigaire y Maurice Lasaygues, se estrenó en París en 1981, con el título original ET TA SOUER? (¿Y tu hermana?). después en Madrid,1982. La comedia le ha dado vuelta al mundo en múltiples idiomas en la nave de la carcajada, en la ola de las risas, en el río de las sonrisas. El humor es gracia universal.

En la versión mexicana del 2018, el tratamiento escénico es de farsa cómica. ¿Teatro de carpa en El Teatro Aldama de la CDMX, antes D.F.? Imagino que Héctor Suaŕez, padre y Héctor Suárez hijo, en complicidad con el productor Alejandro Gou, decidieron construir una farsa cómica, con algunas escenas de carpa, que nos recuerdan a los grandes cómicos como: Tin Tán, Clavillazo, Cantinflas, El Palillo; hijos del demiurgo griego Aristófanes (444-385 A.C.).

Gran parte de las carcajadas del mundo teatral, nacen de las nueve comedias fársicas de Aristófanes, hijo de la carcajada rebelde, transgesora, políticamente indecente. Aristófanes estuvo en la cárcel por agredir, cuestionar el poder político griego en el siglo V A. C. Aristófanes, Bocaccio, Shakespeare, Cervantes, Lope de Vega, Quevedo (basta recordar el poema al pedo), Moliere, Chejov; Jorge Ibargüengoitia,Sergio Magaña, Hugo Argüelles, en México, son hijos del humor tragicómico que revienta toda forma de poder.

Héctor Suárez ama la risa en sus múltiples espejos y laberintos. Hace de la risa una crítica sexual y social. Parafraseando a Efraín Huerta, en la definición del diccionario Laurosse: “Poeta de contenido social. Mentira, Es poesía de contenido sexual”. En la interpretación de los mellizos Martín y Martina, es un deleite observar el oficio del actor, que en cada texto, acción, disfruta el tempo escénico. Héctor Suárez es un pez prehistórico contemporáneo que se ofrenda en cada instante al oficio del actor. Actúa con su estupendo equipo de actrices y actores. Sobresale la escena con Julieta (Anna Ciochetti), donde la señora Presidenta y Julieta dialogan de chismes y chismes. El chisme en el grotesco de la comedia es imprescindible. Chiismeo, luego existo. El morbo, la saña, el sarcasmo, son hijos hermosos del grotesco cómico. Memorable, también, la escena sadomasoquista con el contador esclavo, humilde, dócil de Felipe (Eduardo España), quien se transforma en un sádico sexual.

Todo el elenco se divierte con ritmo y precisión en sus roles. El discurso de la puesta en escena es hija del realismo grotesco, es decir fársico. ¿Y qué ser humano no está habitado de monstruos ilimitados? No, no es una comedia realista que castiga los vicios y al final triunfa la virtud. No, no es una comedia romántica, que trasciende las agresiones, los vicios, los defectos, después de la muerte. Es una farsa, una comedia grotesca, delirante que exhibe engaños y mentiras de los personajes. La señora Presidenta es una dictadora de su fábrica en Monterrey y una insatisfecha sexual, que necesita de los golpes de su dócil contador, Felipe. Vicios privados, virtudes públicas. Max (Ricardo Fastlicht) el esposo de la señora Presidenta, es un títere de su mujer, que lleva años sometido a su dictadura matrimonial. ¿Quizá se libere con los consejos de Martín, (el hermano vividor de su hermana melliza), de acostarse con Eva (Sandra Quiroz), la pintora que no es pintora?.

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La hija de la señora Presidenta, Catalina (Michelle Vieth), una joven estudiante de psicología que aún, no tiene identidad, instalada en la monotonía, en la comodidad  económica y el deseo sexual por su tío. Todos los personajes son esclavos de sus vicios y tal parece, que ninguno  está dispuesto a transformarlos.  El horror de la comedia humana. El horror del grotesco triunfa ante las escasas virtudes de semejantes personajes.  ¿El poder del horror grotesco-político familiar no tiene fin?

Resalta, por supuesto, la crítica demoledora a la figura del presidente de México, EPN y a su equipo de corruptos.  Todo acto teatral es un acto político, pero no todo acto político es teatro. Bertolt Brecht decía: “Un error teatral no es un error estético, es un error político”.

La señora Presidenta en su versión actual es una farsa cómica que mediante el instrumento de la risa nos invita a pensar en nuestros vicios: vacío existencial, monotonía, tedio espiritual,  jóvenes que no estudian, ni trabajan, que no han encontrado el asombro de estar vivos. El vicio monstruoso de la aburrición, el engaño, la mentira, el disfrazarse para ser otro que no eres, el someterse al poder matriarcal o patriarcal, el sadomasoquismo ante la ausencia del erotismo.  Fraudes pictóricos, sexuales, políticos. Fraudes, fraudes, fraudes por todas partes. Habrá que terminar con todos los fraudes.

¿Quizá el contador humillado y ofendido, esclavo y verdugo encuentre en la sexualidad de Eva un espacio de auténtica intimidad? O finalmente es otra ilusión perdida, un sexual suicidio anunciado. “El sexo es el consuelo cuando no nos alcanza el amor”, escribió García Márquez en su novela “Memoria de mis putas tristes”.  Otro fracaso anunciado de la condición humana en La señora Presidenta. “Tarde o temprano las relaciones humanas”, fracasan, dijo Chejov. México, ¿es un país de fracasados? ¿Un país de idiotas y sometidos  incapaces de liberarnos del monstruoso poder político, social, económico que nos oprime hace siglos y siglos?  ¿Los que hacen el horror todos los días en México, son invencibles?  ¿Nadie puede con los sembradores del horror mexicano?

El humor es una forma de sabernos, de auto conocernos; entonces, la risa ácida, negra, corrosiva, en suma, grotesca; nos lleva al caballo de la carcajada rebelde, para protestar con valentía, con imaginación, con honda lucidez, y así volver  a creer en el prodigio de estar vivos.

La comedia fársica de La señora Presidenta, tiene un final abierto, donde no sabemos qué pasa con el documento notarial que será determinante para el futuro económico del matrimonio de Martín y Julia.

¿Los dejará en la ruina después de clausurar la falsa galería de pintura? ¿O solamente un ajuste económico para que las cuentas de La fábrica tengan menos gastos? ¿Max se liberará de la dictadura de La señora presidenta? ¿Catalina resolverá su ruta existencial al consumar el acto sexual con su tío?

¿Julia dejará de ser una ignorante dependiente de su marido vividor? En el juego infinito de identidades, tal parece ser, que nada cambiará en los personajes y seguirán siendo esclavos de sus mentiras y engaños. Entonces la risa grotesca será la tumba de la condición humana. Los personajes de La señora Presidenta serán siempre esclavos de sus vicios. No hay manera de sacudirlos de sus engaños. Los vicios son más poderosos que las virtudes. El imperio del horror es ilimitado..¿indestructible?  Después de observar el horror de los vicios en los personajes, la sonrisa nos ilumina para no cultivar la mentira y el engaño.  Entonces, el teatro se fortalece en sus principios más antiguos y contemporáneos: pensar con la imaginación...Imaginar con el pensamiento.  Así, el teatro, como tribuna política de todos los tiempos, siembra conciencia en los espectadores, mediante el contundente y grotesco poder de la carcajada.  ¡Salud!

LA SEÑORA PRESIDENTA es una puesta en escena de Héctor  Suárez Gomiz. Bravo a todo su equipo de creativos.  Bravo al Teatro Aldama.  Bravo a sus productores Alejandro Gou y Guillermo Wiechers, que armaron una comedia fársica a la mexicana con canciones gringas. ¡Salud, otra vez!


LOS UNIVERSOS DEL TEATRO

Por Javier Velázquez

​“Le doy una carcajada a todos tus males”. Rabaleis