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QUIÉNES SOMOS HOY

Promoviendo el arte, la cultura y el análisis

Zapopan, Jalisco, México


¿Por qué es tan importante la verbalización?

Porque verbalizar, nombrar, mencionar, es hacer visible la realidad. Nada pasa mientras no se mencione. No existe si no se le nombra.

Tal parece que se puede ser todo lo irresponsable que se quiera, pero nadie lo notará, mientras no se mencione. Porque al nombrar todos viramos la cabeza y enfocamos la mirada. Al nombrar damos luz, cuerpo y existencia al objeto, al hecho, al error, a la incongruencia.

En el contexto de las redes sociales la cosa se pone más interesante:
1. A través de la construcción del meme se sintetizan ciertos elementos comunicativos del entorno creando hilaridad. El meme (la imagen) hace visible y digerible lo que el discurso podría entramar.

2. A través de los “estados” (la palabra) del Facebook podemos definirnos en una postura.

Al estar en una etapa experimental, ciertos códigos de conducta e interacción están sujetos a la consideración de los usuarios y así, éstos tienden a agruparse, dependiendo de sus preferencias. Bauman señaló en su momento que podemos aislarnos en las redes sociales al admitir solo las ideas (personas) con las que congeniamos. Me gustaría creer que podemos llegar a un nivel tal en la comunicación humana, como para poder debatir de manera inteligente, con respeto y consideración, sin ceder por condescendencia, pero la comunicación es el reflejo de la condición interior, de la condición moral y todavía falta mucho para llegar a un verdadero intercambio de ideas, la mayoría de las veces sólo se busca imponer el propio criterio y someter. Y lo más interesante: Mostrar cómo sometemos al otro.

 ¿Un mundo más conectado o la tiranía de “doña chonita”?

En los pueblos, en las ciudades pequeñas, la vida cotidiana permite a sus habitantes enterarse de las relaciones, partos, rupturas, noviazgos, asuntos familiares, enemistades y ciclos menstruales de los demás. En las ciudades, las grandes distancias y los horarios laborales impiden mantener un contacto cercano y constante con personas que no participan de nuestra rutina. Por eso se utilizaba la expresión “Pueblo chico infierno grande”.

Con la llegada de las redes sociales el mundo se ha convertido en rancho grande. La magnitud de infierno estará determinada por nuestro rol social, su importancia y las leyes de la caprichosa interacción. Facebook es el escaparate para mirar y ser mirado, pero un escaparate que casi todos niegan mirar o utilizar. Todos dicen que nunca entran, que casi no se conectan, aunque ahí vivan.

Por eso me gusta verbalizar los casos que me causan gracia o suspicacia: Una amiga se quejaba porque otra amiga le daba demasiados “Me gusta”. La verdadera molestia o preocupación era que esa amiga en común pudiera llamar la atención de alguno de sus novios;  Un amigo se quejaba de no recibir suficientes “Me gusta” a pesar de postear información, según él, interesante. Lo que realmente le interesaba era hacerse visible para alguien lo tenía obsesionado; La tía de alguien que se indigna porque ve fotos del sobrino en una reunión y pregunta en los comentarios por su “bella esposa”, sin saber que fue precisamente ella quien tomó la foto. Porque si no existe en Facebook no existe y todos nos sentimos el policía del otro.

Porque si alguien “intuye” (el usuario de Facebook es re intuitivo) que no lo publicas para que no exista, entonces él se encargará de verbalizarlo para que lo asumas. ¿Con qué derecho? Con el derecho que le da el sentirte vulnerable por la exhibición de lo que CREE que es tu vida.

Es muy curioso, nos hemos vueltos cuidadosos de la “corrección política”, de nombrar lo innombrable con la palabra correcta… pero no tenemos límites en exhibir a alguien con un comentario malintencionado, de doble vínculo.

Si eres de los que revisan minuciosamente la biografía de otros para enterarte de su vida, te tengo noticias: La verdadera pista no está ahí. Cuando la tendencia es exhibirse, la realidad habita en lo que no se divulga, en lo que no se publica, en lo que no se dice.

NO TIENE LA CULPA EL FACE...

Por Silvia Castillo Romero
Guadalajara, Jalisco; 14 de abril de 2018


La corrección política está de moda. Constantemente surgen nuevas palabras para todo lo que hay que categorizar, términos que no ofendan, adjetivos que no hieran susceptibilidades.


En un escenario social donde las cifras de desaparecidos y asesinados supera por mucho las de países en guerra declarada; donde tenemos un sistema de justicia corrupto e ineficiente; autoridades que dan risa o miedo pero son incapaces de infundir respeto; plagado de familias donde los críos hacen lo que les place porque tienen padres que no reprenden porque siguen siendo hijos y no saben cómo hacerlo; con un sistema educativo que simula educar en lo público y en lo privado sólo sabe cobrar; en un entorno donde los hechos (falta de respeto, amor, empatía) deslegitiman el discurso, sólo queda un último recurso: impedir la verbalización de lo importante. Entonces nos volvemos cuidadosos de la forma, pero descuidamos el fondo.

Si bien dicen que las escaleras se barren de arriba para abajo, es abajo donde se encuentra el cimiento. Nada sucede en la superficie si no tiene el sostén de las mayorías desde la intención profunda: Aseguramos que queremos vivir en paz pero queremos imponer al otro nuestras ideas acerca de cómo vivir. La interacción en las Redes Sociales es una prueba de ello.


Sería ingenuo reducir la explicación de los fenómenos globales a una sola causa. Cualquier comentario es solo una perspectiva.



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