MARTHA  EVELIA MENDIVIL DOMÍNGUEZ 

(Huatabampo Sonora)
Profesora jubilada por la UAS. Pasante de doctorado en Educación Humanista.
Ha trabajado en Comunicación Social para gobiernos locales, diputados federales y algunos candidatos a diputados y senadores por Sinaloa.

Las expresiones de amor del enamorado estaban por demás evidentes. El tiempo pasó y un día Mireya fue eliminada de todos los espacios de comunicación que tenían. La primera vez se alarmó bastante por varias semanas y un buen día alguien le mostró la prueba de la infidelidad, ella se derrumbó, tardó en recuperarse, se había hecho expectativas de alguien que fácilmente la había abandonado.


Pasó el tiempo y un día ella creyó estar curada, para cerrar el ciclo, le mandó un mensaje de agradecimiento por el tiempo compartido a manera de despedida, pero Vladimir astutamente aprovechó el tema, le pidió perdón de mil maneras y la oportunidad de demostrarle su arrepentimiento por haberla lastimado. Finalmente, Mireya aceptó y Vladimir se dejó venir desde su natal estado de Colima.

Después de retomar la relación, esta fluyó con más armonía y madurez o así parecía, ya que hicieron planes para casarse. Mireya se sentía realizada, pero algo pasó que empañó su felicidad, sin decir agua va, Vladimir decidió volver a bloquear de todos lados a Mireya, dejándola así en una completa soledad y angustia.

Después de un silencio total. Mireya buscó con la familia de Vladimir, saber algo de él, quizá sentirse apoyada por ellos, sin embargo, no obtuvo nada, sólo sentir que nunca la habían hecho parte de su familia. Con el corazón roto, sólo le quedaba esperar a que Vladimir decidiera quitar esa especie de castigo sin abogado.

En el marco de esos reencuentros conciliatorios, un día llegó el seductor de la mirada y los agradables olores con el anillo de compromiso de cinco diamantes. Llegó pidiendo perdón, prometiendo no volver a repetir el exterminio y le pidió su mano en matrimonio. Mireya se olvidó del suceso que la lastimaba y lloró de emoción. Amaba a ese hombre, se sentía soñada, como una adolescente.

Durante ese trayecto los bloqueos se redujeron un poco. Mireya al principio pensó que una vez juntos, él dejaría el juego de inmadurez, aunque muy en el fondo sabía que algo no estaba normal, comenzó a preocuparse de la repetitiva conducta y se decía para sus adentros: “Yo le voy a ayudar, iremos con especialistas”.

Finalmente, un día aceptó acudir a un especialista del comportamiento humano, quien calificó las acciones de exterminio, silencio y abandono a su esposa, como un estado de inmadurez y nunca más acudió a otra cita. Mireya seguía atorada en esa relación que la llevaba al desgaste emocional, se dio cuenta que estaba inmersa en un juego descabellado del señor de Colima, se sentía mal, se daba cuenta que el señor tenía dos personalidades.

Sabía que se había enamorado de un hombre bueno, generoso, amable, caballero que constantemente le decía: “Mireya, eres la persona que más amo en este mundo y nunca voy a dejarte”. Sin embargo, en el plazo de dos semanas aparecía el otro Vladimir, el macho, el déspota, mentiroso, prepotente e incapaz de reconocer o sentir amor y arrepentimiento verdadero, por las acciones que ejercía a través del silencio total.  

Cuentan que Mireya constantemente se preguntaba: “¿Y ahora por qué me bloqueó, si volvió a prometer que no lo haría nunca más?” Mireya estaba convencida de que algo no estaba bien en el cerebro de su amado. En las noches cuando no podía dormir sentía que su cabeza iba a estallar porque sabía que Vladimir estaba con un problema serio. Ya había consultado todos los libros de la pequeña biblioteca Vivencial y del internet que emitía señales sólo por las tardes noches. Quería saber y quería ayudarlo, porque ya estaba convencida de que algo le estaba pasando. Mireya ya le temía un poco, porque los abandonos, los bloqueos, aumentaron su intensidad, lo peor de todo es que Vladimir en su imaginario mundo le daba vida a lo que él juzgaba y para él, esa era la realidad. Se iba, se perdía y mandaba señales públicas con dolo para herir todavía más a Mireya, quien no daba crédito al estado de victimización que asumía ante sus allegados.

Mireya sabe que ha sido objeto de críticas en todo el Pueblo Mío, porque sigue sola y cuando le preguntan por Vladimir, lo justifica por su ausencia, sin embargo, ya se dio cuenta que está perdiendo su vida con un hombre que llegó de la nada y así se va, de la nada, buscando pretextos para creerse su historia y poder repetir patrones.

Así, un buen día, llegó sin avisar en su periodo vacacional, aceptando todas las condiciones, entre ellas hacerse estudios especializados, con tal de regresar a casa de Mireya. El médico hizo los estudios correspondientes y la sorpresa fue que encontraron déficits neuronales y biológicos severamente fuertes y delicados. Mireya lo apapachó con el infinito amor que sentía ante el panorama desalentador. El diagnosticado Vladimir parecía no comprender la gravedad de su enfermedad, sólo atinaba a mirar el rostro de su esposa. 

Esa primera noche leyeron sobre la enfermedad e hicieron planes para salir adelante juntos en un nuevo proyecto de vida, partiendo de cero y con la bandera del amor por delante. Vladimir amaneció muy relajado, optimista, platicador, trabajador y amoroso; pero luego volvió a cambiar los planes, renunció a los acuerdos, hizo el gran berrinche y dijo, otra vez, que todo se acabe, se fue peleado… regresó el exterminio, volvió a victimizarse con la mentira… “y esa es una conducta de ese maldito déficit que no quiere atenderse”, dijo tristemente Mireya.

Pasó el tiempo y nunca más volvió a saberse de él. Por mucho tiempo la gente se preguntó porque Mireya creyó en las mentiras de un seductor que olía muy bonito y que nunca se supo porque la eligió a ella… la gente de Mío decía que porque se llamaba Mireya, que porque las familias de ambos provenían del pueblo de las aguas. Durante mucho tiempo se dijeron muchas historias, pero nadie nunca le preguntó a Mireya qué pasó para que ese hombre que llegó a buscarla, nunca más volviera al Pueblo Mío. 

CUENTO

PROMESAS QUEBRADAS

MARTHA MENDIVIL

QUIÉNES SOMOS HOY

Guadalajara, Jalisco; 12 de abril de 2020

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Era un día como cualquier otro para Mireya Salas, excepto por el nuevo chisme que circulaba por todo el pueblo: decían que un hombre recién llegado lograba dominar a las mujeres con sólo mirar sus ojos, que al pasar por las calles dejaba huella de un aroma jamás conocido y lo que más la intrigó, es que por alguna razón este caballero andaba preguntando por ella.

— ¿Quién es ese pelafustán que se atreve a preguntar por mí? — y de manera natural esbozó una sonrisa picarona, mientras bajaba la calle empedrada que daba a su hogar. Ya en casa se ocupó con las labores domésticas, mientras entonaba las viejas canciones que sonaban en la única radio del Pueblo Mío.

Llegó el jueves santo y al salir de misa, Mireya se dirigió al puesto de churros con cajeta que se veían deliciosos, compró algunos y cuando iba de regreso a su casa fue abordada por un desconocido que chocando de frente con ella hizo caer los churros al suelo. Cuando el desconocido se inclinó a recogerlos Mireya lo observó preguntándose: “¿Será este fulano del que todos hablan en el pueblo?”

—Gracias —dijo Mireya al tomar la bolsa de churros.

Se dio cuenta que el fulano la seguía mirando, mientras ella apresuradamente tomaba la bolsa tratando de desaparecer de su presencia, apuró el paso con grandes zancadas, sentía fuertes golpes en su pecho y temía ser evidenciada. Pero el hombre le gritó por su nombre: “¡Mireya espéreme!”.

Mireya se detuvo y él se limitó a tomarle el brazo, bajaron juntos la cuesta de esa angosta calle hasta llegar a su casa.

En automático abrió la puerta y volteó su cuerpo para decir:

—Muchas gracias, que le vaya bien y mucho gusto.

—Espere soy Vladimir Castro, el tío de Susana, mi ahijada, su vecina

—¿En qué le puedo servir?

—Mireya usted no me conoce, quizá desconfíe, pero yo sé todo sobre usted y la verdad vengo a conocerla, voy a estar unos días en este hermoso pueblo que Dios quiso que se llamara Mío.

En eso, Susana llegó también a la puerta y con una sonrisa de complicidad los invitó a comer pastel de chocolate con café a su casa. Vladimir volteó hacia atrás y con una mirada muy tierna, le extendió la mano a Mireya en plan de invitación personal. Al rato ya estaban todos en la mesa de la cocina, degustando el rico y calientito chocolate, después el humeante café. En ese pequeño espacio todos platicaban de manera simultánea. Mientras el recién llegado no dejaba de mirar a Mireya.

Después de un buen rato, todos se desplazan a otro espacio de la casa para seguir con el tema de la nueva enfermedad, que aquejaba a los pobladores de Mía.  En la mesa Mireya y Vladimir se quedaron con su propia charla, como si el mundo girara sólo a su alrededor, hablaron de los hijos, del trabajo, de las próximas fiestas tradicionales que todos gustaban en participar. Luego la invitó al pequeño cine de carpa que existía en este hermoso pueblo en lo alto de las montañas. Así lo dijo el forastero que venía de una ciudad muy grande de México.


Al día siguiente y los venideros fueron de atenciones, salidas y con el interés de ser pareja. Mireya tenía mucho tiempo sola y él también, así que decidieron darse la oportunidad de ser novios.  Se amaban. Vladimir se lo decía mil veces al día y aprovechaba cualquier fin de semana o fechas especiales, para recorrer cientos de kilómetros e ir al encuentro de su amada, paseaban tomados de las manos por las calles de Mío y en otros pueblos aledaños.  

Cuentan quienes coincidieron en sus espacios y en sus tiempos, que ese hombre derrochaba un gran amor, muchos apostaban que él demostraba mayor querencia hacia Mireya, porque había un desvive en complacerla, en llevarla a grandes y maravillosos viajes, además gustaba que el mundo se enterara de esa pasión, a través de las fotos que solía publicar en su muro de Facebook.



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