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QUIÉNES SOMOS HOY

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Zapopan, Jalisco, México


COLUMNA

SIMPLE OPINIÓN

Desenmascarando alebrijes: Inicio: El Falso Charro.

Por Noé Jáuregui García

Para empezar, esta figura “idílica” es un alcohólico. Lo que conlleva a una familia alcohólica. Tiene tendencias a la ingenuidad y credulidad, por eso cuando alguien les engaña, miente, manipula, etc., saca su pistola y quiere matar a diestra y siniestra, cuando pudo librarse de esos problemas siendo crítico, prudente, reflexivo, etc. Para él sólo existe lo bueno y lo malo, blanco o negro, por eso es presa fácil de una “mala mujer”, de los “poco hombres” o “maricones” (no confunda, esto no tiene que ver con la preferencia sexual sino con el fingimiento de virtudes, que conociéndolas, las hacen de lado; ya llegaremos allá), del “mal amigo”, del “falso hermano”, chismes, rumores, suposiciones... que los ponen en contra de aquel o aquella que desea o quiere lo mejor para él.


El charro carece de sabiduría, tiende a ser necio, imprudente al hablar, temerario, corre riesgos innecesarios… necesita personas inteligentes y sabias, para guiarlo por el buen camino, pero con un halo de seres sagrados: su madre y el sacerdote con la connotación de Santa y Santo, y por allá su “padre Dios” pues el que tiene en la tierra no sirve de mucho pues es alguien como él (ausente).

Curiosamente nunca se le ve trabajando la tierra. La desconoce. Ha de tener algo de lo que hoy llamamos “junior”. Solo, con su guitarra, y un brabucón que se quiere batir a duelo por honor falsamente manchado o por un secreto que no se debe saber.

Enumeremos: Ingenuo, manipulable, orgulloso, alcohólico, inmaduro, dependiente afectivo, padre desdibujado o ausente, violento “bien macho”, mujeriego (incapaz de compromiso afectivo), infantil, flojo “manda sin poner ejemplo”, etcétera.

Hasta aquí, de este desenmascaramiento, de mostrar cómo estos disfraces solo dificultan el desarrollo de la persona, de cómo esto espíritus oscuros, afectan y enrarecen el medio en que convivimos, y que es preciso exorcizar.

Hasta la próxima.

En mi caso, la habilidad es la escritura y a través de ella mostraré los disfraces que envuelven a algunas personas y que invadieron mi cerebro. El temor es real al ver esas máscaras o disfraces que ocultan a las personas y muestran distorsiones, deformidades horrendas.

Quizá el temor salte a quienes, en este espejo de letras, vean que no vale la pena seguir sosteniendo una imagen parasitaria que destruye y oculta nuestra parte más noble… al no tener miedo de la eliminación de las paradojas, ante la desnudez, de alguna manera engañosa sentirán vulnerabilidad, indefensión y como contraparte con esas fachadas, podrán hacer que los otros, también afectados, sientan, temor, angustia, delirios de grandeza, humillación, idolatría, odio, desdén, envidia, y curiosamente una profunda cadena de sin sabores.


Lo curioso de estos engendros, es que son comunes, a pesar de haber gran variedad, los vemos como normales y cotidianos; algunos nos producen anhelo de ser como ellos, sin medir las consecuencias.

En todas las culturas aparecen como una probabilidad, más no como una realidad y ese es el problema: su posibilidad de ser y nunca llegar a concretarse. En casos muy sencillos serían como Pegaso, las sirenas, la serpiente emplumada, animales que surgen del fuego o de la misma lava. Hasta ahí, la única dificultad es su existencia y la desilusión, claro está, de que jamás existieron y que jamás existirán aunque se desee (deseo insano y antinatural).

​​​Pasemos ahora a esa parte difícil de los estereotipos y los prejuicios. La dificultad estriba en que se han utilizado adjetivos extremos, peyorativos, que no se “deben” usar contra los otros, pues mostrarían que quien lo hace también es un engendro.

El otro extremo es el laudatorio o más tendiendo al adulatorio llenando de atributos y virtudes imposibles de sustentar. Juegan al extremo del “filo del cuchillo”, suenan a burla, a mofa… pero al adulado y al adulador los une el desprecio mutuo.

Que sirva de conjuro para los que quieran sacudirse esas botargas, máscaras, disfraces y a los que no quieran, no me importa escucharlos, pues tratarán de mandar un mensaje oscuro lleno de veneno.

El descubrimiento

Muchas personas me ayudaron a ver estas quimeras, desconozco hoy sus nombres, pero han sido mis maestros reveladores. La primera visualización fue de un personaje que ha sido “modelo de hombría”.

Escuchando la radio, alguien hablaba de los estereotipos y uno de ellos es el charro mexicano. La afirmación se me hizo exagerada y provocadora, un tanto pica de orgullo de los que deseábamos esta figura como modelo. El invitado explicaba que esta sorprendente imagen era reconocida en muchas partes del mundo y hasta bien vista, con valor de identidad.


Esto es, que todos los mexicanos fuéramos de esa manera, o todos los argentinos fueran gauchos, o todos los campesinos gringos algo parecidos a los que traían carretas y los rusos bailando la “mamuska” tipo los locos Adams, y tomando vodka como si fuera tequila o mezcal.


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Guadalajara, Jalisco, México. (QUIÉNES SOMOS HOY).- En la puerta de mi mente los alebrijes tocaron. Al abrir, entraron y cual loco que corre pensando que puede huir de lo que lo ha poseído, así hice yo. Huía, arrancaba mis cabellos pensando que quizá como en las plantas, al arrancarlos, las raíces llenas de estos engendros saldrían de mi mente, pero no salieron, al final, agotado, en rincones me ocultaba y en momentos pequeños llegaba a tener algo de paz.


Pero esto fue efímero, y sus voces se hacían presentes, sus oraciones paradójicas hacían presencia, es claro que no podía vivir así, necesitaba sacar de mí esos absurdos de realidad deforme.


Salí de lo que creí era una locura y para mi sorpresa, estos alebrijes, estos engendros, estas imitaciones, eran inmensas. Clasificarlos sería una tarea descomunal.


¿Qué hacer, cómo limpiar mi alma, mi mente y mi cuerpo?


Haciendo lecturas, en teoría, ingenuas, disfrazadas de simples cuentos, encontré textos mágicos llenos de secretos arcanos, y mostraron que para conjurarlos debía atraparlos con mi habilidad o habilidades de mi alma, de mi espíritu, a través de mi parte sensible y artística. Fue necesario que hubiera uno o más espejos, que son las herramientas que utilizan todos los seres sagrados para exorcizar en particular a estos alebrijes; así, la persona que ya no soporte a esos entes paradójicos los podrá eliminar de sí, o ayudar a otros.