Inicio

QUIÉNES SOMOS HOY

Promoviendo el arte, la cultura y el análisis

Zapopan, Jalisco, México


CUENTO

Un encuentro con el diablo

MARTHA MENDIVIL

—¡No! Vengo a que tú me digas qué te paso, a que me digas por qué otra vez tu silencio, tus bloqueos, por qué a la media hora de haberte ido más enamorado que nunca, con grandes planes para una vida juntos... por qué después de haber jugado como nunca y haber hecho el amor por la mañana que te fuiste; pero sobre todo después de haberme dicho: “ya no te voy a prometer, lo vas a ver Liz Daniela, con hechos te voy a demostrar cuán grande es mi amor…”— dijo casi sin aliento Liz Daniela.

¿Por qué?... por qué he tenido que viajar más de mil kilómetros para que me digas dónde quedó ese Robertito maduro, responsable y amoroso, ¿dónde quedaron las palabras, donde quedó el proyecto de vida de esposos? ¿dónde? ¿por qué el afán de mentir? ¿para qué fuiste al pueblo? ¿para qué fuiste a verme? ¡Qué te pasa hijo de tu chingada madre!— gritó muy molesta Liz Daniela. Robertito sólo atinaba a mirar el mundo de botes de cerveza que había en la mesa grande del pequeño departamento que habitaba.

¿Qué pasa por tu pinche cerebro, cabrón?, ¿agarraste mi cuerpo y mi casa de hotel?, y ahora me dices que no me amas, ¿Te diste cuenta en cuanto te subiste a la camioneta? O ¿qué? cabrón, no querías soltar mi cuerpo, porque te dolía irte, por qué entonces decías tener coraje contra tu jefe quien te había pedido te presentaras una semana antes a trabajar en el momento de la pandemia.

—Lo siento, yo te lo quería decir, por eso fui a verte— dijo él.

—Mientes, porque desde antes del viaje ya me decías estar desesperado por abrazar mi cuerpo y hacerme el amor… decías sentirte mal por tu torpe orgullo, dijiste que te sentías triste y que habías llorado porque perdías el tiempo con tonterías amándome tanto… pinche cabrón mentiroso, poca mierda— acribilló con palabras ofensivas Liz Daniela. Muy enojada se levantó del sofá para abrir el refrigerador.

—¿Qué haces?, cierra ahí— dijo Robertito.

Ella no lo escuchó y abrió el congelador en el que había sólo una bolsa con hielo, después bajó la mirada y en los estantes sólo una gran cantidad de cervezas —y las comidas que te preparé ¿dónde están?— le preguntó.

—Ya me las comí— le contestó mientras daba grandes tragos del alcohol.

—Mientes cabrón, eran trece platillos… ¿los tiraste verdad?— él se agachó.

—Qué poca madre tienes, de todo corazón te cociné y con productos de mi despensa, que poca madre, tiraste todo— agarró una cerveza y de tres sorbos se la bebió toda.

—Dame los papeles.

—¿Para qué los quieres?— dijo él.

—Que te valga madre, mentiroso... cabrón.

Robertito con paso lento caminó hacia el interior de los cuartos y en lo que regresó con el acta de matrimonio y de nacimiento, Liz Daniela ya había esparcido por toda la cocina el líquido del bote cervecero y aventado el depósito al piso, mojándolo. Robertito le entregó los papeles y se quedó mirando al suelo, su cara no daba crédito a lo que ella había hecho.

—Esto no es nada comparado con lo mierda de hombre que eres— aventó la reja con toda su fuerza y le dijo a todo pulmón: —¡Para ser hombre les falta tamaño a tus bolitas de niño puberto, porque no sirves como ser humano!

Difícilmente bajó las escaleras, sentía que el aire le faltaba, no podía creer lo que había encontrado después del cansado viaje, porque durante el camino, mientras su amiga charlaba, frente al volante, ella tejía en su cerebro fantasías de amor.

Hasta la fecha no sabe cómo bajó las escaleras desde el séptimo piso del viejo edificio sin pintar, no recuerda cómo le hizo para aguantar el fuerte sollozo que soltó una vez en el auto. Ahí gritó, pataleó e intentó salir para decirles a los vecinos que tenían un vecino disfrazado de hombre, que era el mismo diablo, también quería destrozarle su carro, pero su fiel amiga lo impidió.

Teresa su amiga, en el mayor de los silencios encaminó el auto hacia la dirección de un hotel que les permitiera descansar… todos los hoteles cerrados, nunca se acordaron de la maldita pandemia… caminaron muchas cuadras, barrios y nada…

—Párate ahí, quiero un vino— alcanzó a decir Liz Daniela.

Ya de regreso, por el camino, entre lágrimas, gritos y maldiciones, se empinaba el vino tinto.

—Es el pinche diablo, de veras Teresita, tu amiga Liz Daniela tuvo un encuentro muy doloroso con el Diablo.

 

 

—La verdad es que casi no te amo– dijo Robertito.

—¡Que dices!— exclamó Liz Daniela, mientras su rostro se desfiguraba.

—Que casi no te amo y quiero que lo sepas— afirmó él.

—Pero si hace cinco días estuviste más de una semana en casa y dijiste que me amabas, decías sentirte más feliz que nunca, hiciste planes para tu jubilación sobre dónde ibas a vivir, mencionaste que no podías estar sin mí, que ya no me ibas hacer falsas promesas, que yo vería los cambios en ti. Dijiste que me ibas a demostrar con hechos… ¡Mírame a la cara y dímelo de frente!– Le gritó mientras le levantaba la barbilla para obligarlo a que la mirara a los ojos.

Liz Daniela no daba crédito a las palabras que le decía su marido; sentía un fuerte ruido en la cabeza, como un estado de ebullición a punto de explotar… todavía escuchaba una y otra vez los «te amo» que él solía decirle a cada instante, esperando de ella una respuesta similar.   

Después de unos instantes, reaccionó, se vio en su sala rodeada de botes de cerveza, mientras el televisor transmitía el juego de Las Chivas contra El América… Lo miró a los ojos esperando una respuesta y él volvió a decirle:

—Casi no te amo y la verdad quiero estar solo, me gustar vivir solo y si quieres nos divorciamos… mirándola sombría e indiferente, cual si fuera un total desconocido que por primera vez dejara al descubierto el verdadero rostro repleto de frialdad e indiferencia.

Esa noche, por el instante de veinte minutos, que fue todo lo que duró el encuentro, Liz Daniela sintió un fuerte dolor en su pecho, sintió que sangraba, pero no permitió que ni una sola lágrima se derramará, en ese momento, sólo atinó a levantarse y juntar sus manos para aplaudirle:

—Eres excelente actor… lo haces muy bien… que poca madre tienes… eres un hijo de la chingada— dijo la afligida mujer, que había recorrido más de mil kilómetros en su viejo auto gris para lograr comprender el por qué, por enésima vez, ponía entre ellos ese silencio aturdidor que le estaba rompiendo su ser, su corazón, en mil pedazos.

Un día antes Robertito subió a la camioneta la hielera que guardaba trece comidas congeladas que le había preparado su esposa, un rico humeante café soluble acompañado de un pan con dulce glaseado y unos tacos de marlín a la mexicana para que se los comiera durante el trayecto en carretera; hubo también fuertes y prolongados abrazos en la banqueta a manera de despedida, como siempre que se regresaba a su ciudad.

—La verdad esto nunca ha funcionado… y pensaba decírtelo ahora que fui—  dijo fríamente su marido que gustaba de hacer juicios y mentir para hacer daño. Su mujer no daba crédito a los golpes bajos que recibía del trabajador de gobierno que apenas hace cinco días fue hasta la comunidad empotrada en los altos de Veracruz para pedirle perdón por sus frecuentes abandonos, por sus silencios. No tenía mucho, un par de días quizá, le había jurado que era la mujer de su vida, que no podía vivir sin ella. Ahora no daba crédito a sus palabras. No podía creer que a su sorpresiva llegada hasta el departamento de su esposo, este la recibiera como el extraño que nunca había visto. Le abrió la puerta:

—Ah, eres tú… pasa… ya sé qué vienes a decirme— dijo con un grado de desdén y soberbia desde su viejo sillón donde se podía observar el brazo izquierda vendado, mientras con el derecho tomaba grandes sorbos de su cerveza.

QUIÉNES SOMOS HOY

Guadalajara, Jalisco; 30 de mayo de 2020

​​

 INICIO            ENTREVISTAS         YOUTUBE            COLUMNAS Y COLABORACIONES          CONSEJO EDITORIAL               


​​Publicidad: quienessomoshoy2@gmail.com       Silvia Castillo Romero © 2011  |   Todos los derechos reservados.



MARTHA  EVELIA MENDIVIL DOMÍNGUEZ 

(Huatabampo Sonora)
Profesora jubilada por la UAS. Pasante de doctorado en Educación Humanista.
Ha trabajado en Comunicación Social para gobiernos locales, diputados federales y algunos candidatos a diputados y senadores por Sinaloa.